ACERCAMIENTO AL LIBRO: APOLOGÍA DE LA HISTORIA DE MARC BLOCH



      I.        El autor:

Pudo haber sido al final de la tarde, pero la hora es lo de menos. Narbonne,junto a veintiséis compañeros de la resistencia francesa, fue trasladado al norte de Lyon, por agentes de la Gestapo. Las detonaciones que se escucharon no tenían nada de novedoso, al tratarse de una guerra. La segunda guerra mundial. Narbonne se había unido a la resistencia cuando los nazis ocuparon el sur de Francia y el gobierno capitulara  ante los invasores. Fue detenido por los alemanes, unas semanas antes, torturado y humillado. Ese día, 16 de julio de 1944 moría fusilado, junto a sus compañeros, uno de los historiadores más importantes e influyentes del siglo XX. Se trataba de Marc Bloch. Narbonne era el seudónimo usado por el historiador, quien ya había participado en la gran guerra, recibiendo honores.

Había nacido precisamente en Lyon, un seis de julio de 1886. Ciudad francesa regada por los ríos Saona y Ródano. Es probable que su padre, Gustavo Bloch, (nacido en 1848),también historiador, nativo de Alsacia y de origen judío, haya emigrado desde aquí  hasta Francia, cuando en 1871 (el mismo año que se da la comuna da París), una vez finalizada la guerra franco-prusiana, esta provincia,  junto a Lorena hayan sido anexadas a Alemania. El Tratado de Versalles en 1919, al término de la primera guerra mundial, le devolvió a Francia este territorio, que lo vuelve a perder ante los mismos alemanes cuando estos invaden en 1940, para recuperarlo tras la derrota alemana en 1945. Charles De Gaulle, había entrado triunfante al país galo el 26 de agosto de 1944 (después de dos meses y diez días del asesinato de Marc Bloch).

Refiriendo  a otros familiares de Bloch, nos dice Emmanuel Le Roy Ladurie en el prólogo de La Tierra y el Campesino: “su bisabuelo alsaciano, hijo de comerciante y voluntario en los ejércitos de la revolución; su abuelo director de la escuela Judía de Estrasburgo; su padre, profesor en la Sorbona y especialista en historia de la antigüedad . . .”[1]Como podemos ver, Bloch, tiene en sus genes, parte  de  educador, militar e historiador. Derroteros cruzados muy destacadamente por el autor de Apología de la Historia.

Justamente en Estrasburgo, ciudad de la región de Alsacia, con unos trescientos mil habitantes al presente y sede actual del Parlamento Europeo (sede compartida con Luxemburgo), trabajó Marc Bloch como profesor en la Universidad homónima, (fundada en 1538), desde 1919. Diez años más tarde, en 1929, junto a su entrañable amigo y colega de la misma academia,  LucienFebvre (1878-1956), a quien había conocido en 1920, funda la revista los Anales de Historia Económica y Social. Cincuenta y tres artículos y tres libros publicados, se contaban en el haber del historiador que para ese momento cuenta con 43 años. De obligada referencia para los historiadores de todo el mundo, se ha convertido esta revista que recientemente cumplió  ochenta años y que ha tenido entre sus directores, además de sus fundadores (Bloch y Febvre), a Fernand  Braudel (1902-1985), quien, (coincidenciamente nació en Lorena, vecina de Alsacia), también fue prisionero de los nazis desde 1940 a 1945, época en la que escribió su monumental libro: El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la Época de Felipe II. Este   amigo del famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss dirigió la revista por algo más de una década, cuando a partir de entonces (1968), ha contado con una dirección colegiada.

Marc Bloch escribió varios libros, entre los cuales podemos mencionar: Las Aldeas alrededor de París (1913); Reyes y Siervos: Un Capítulo de Historia Capetiana (1920); Los Reyes Taumaturgos: Estudio sobre el carácter sobrenatural atribuido a la potencia real, particularmente en Francia y en Inglaterra (1924);Los Caracteres Originales de la Historia Rural Francesa (1931); La Sociedad Feudal (1939-1940); Apología de la Historia o el Oficio del Historiador (publicado después de su muerte) y La Tierra y El Campesino (textos recopilados y presentados en forma de libro por su hijo Étienne Bloch y que cuenta con el prólogo de Emmanuel Le Roy Ladurie). Fue profesor de las Universidades de Estrasburgo y La Sorbona de Francia.


A quienes se agruparon alrededor de la revista fundada por Bloch y Febvre  y asumieron sus principios metodológicos, se les conoce como la Escuela de los Anales. Esta concepción historiográfica nace en Francia como respuesta al historicismo, teniendo como premisas,  superar la visión de la historia que se ocupa sólo de las actividades políticas, diplomáticas, estatales y militares y pasar a una visión que dé cuenta de los factores económicos y las acciones colectivas; superar la visión que se apoya en la crónica y el relato para pasar a una visión que dé preeminencia a la síntesis y a la generalización; superar la causalidad genética y avanzar hacia la causalidad estructural; superar la historia relato para llegar a la historia problema, apoyándose en una nueva metodología y en la interdisciplinariedad. “En efecto, Marc Bloch. . . fue uno de esos grandes historiadores contemporáneos que intentaron desviar la atención de sus colegas de la consideración de los acontecimientos de corto plazo para pasar a la reflexión sobre las estructuras . . .”[2]

Este es quizás el aporte fundamental de Bloch y de la Escuela de los Anales, visualizar la historia desde las estructuras para explicarla, para desentrañar los secretos de los eventos (dentro de un contexto general), que de otra forma se nos presentarían como inconexos,  caóticos, azarosos e incomprensibles. Esto, a comienzos del siglo pasado, era realmente un atrevimiento y un desafío a la tradición historicista y positivista. Claro, ya Marx se había adelantado en este sentido y se había atrevido a más. Pero no nos adelantemos.

    II.        Estructura de la obra

   
El libro Apología de la Historia o el Oficio de Historiador que usamos para este ejercicio es el editado en 1986 por el Fondo Editorial Lola de Fuenmayor y el Fondo Editorial Buría. Comienza con una advertencia preliminar realizada por los profesores Federico Brito Figueroa y NikitaHarwich Vallenilla, seguido por el Prefacio a la séptima edición francesa de esta obra, publicada en 1974 y escrito por el catedrático Francés Georges Duby. De inmediato, nos topamos con el profesor Salvador Morales, de la Universidad de la Habana, quien escribe el prólogo que llevó la edición cubana. Se pasa así a una bella dedicatoria de Marc Bloch a LucienFebvre, fechada en mayo de 1941, para encontrarnos con la introducción del libro,sí escrita por el autor, así como con el resto del cuerpo del libro, el cual consta de cuatro capítulos: 1.- La Historia, los Hombres y el Tiempo; 2.- La observación Histórica; 3.- La Crítica y 4.- El Análisis Histórico. Finaliza este libro, la primera edición venezolana, con un apéndice, donde podemos encontrarnos con: 1.- el texto de la conferencia, “Qué Pedirle a la Historia” dictada por Marc Bloch en el Centro Politécnico de Estudios Económicos a finales de 1936; 2.- la introducción del libro La Sociedad Feudal; 3.- la introducción del libro Los Caracteres Originales de la Historia Rural Francesa;4.- algunas notas manuscritas de Marc Bloch, y 5.- una explicación de LucienFebvre de “Cómo Aparecían los manuscritos de esta obra”. Finalmente se presenta una bibliografía activa y una bibliografía pasiva. Ahora nos toca detenernos un poco en cada una de las partes referidas.

1.- Advertencia Preliminar, de los profesores Federico Brito Figueroa y Nikita Harwich Vallenilla. En dos páginas, nos presentan sucintamente al autor, a la obra y a la edición, y a la vez expresan sus reflexiones en torno a la historia, el oficio de historiar y el compromiso de los historiadores. Plantean que “La historia no se puede entender sino como la síntesis propiamente cultural de unas estructuras que definen, entre otras cosas, el entendimiento y la medición del tiempo como parámetro variable de referencia.”[3]Con esto expresan su abierta coincidencia en este punto de asumir la estructura como vía para entender el devenir de las sociedades en el tiempo,  con la Escuela de los Anales.

Plantean los profesores, Brito y Harwich Vallenilla, que, siguiendo el sentido antes señalado, es muy importante descubrir los elementos materiales que caracterizan y fundamentan a la sociedad, así como también  desentrañar los elementos constituyentes del sentir colectivo de esas mismas sociedades para llegar, con esta alianza interpretativa, a los mecanismos “funcionales de un proceso histórico”. Estos constituyen los elementos fundantes de una concepción totalizante de la historia. El análisis histórico con criterio de totalidad.

Rinden también un homenaje rasante a ilustres historiadores como Henri Pirenne, Henri Berr, Johann Huizinga, Jacobo Burckardt, Fuster de Coulanges, como pioneros en el oficio de historiar desde nuevas perspectivas.

2.- Prefacio a La Séptima edición francesa, de George Duby. Este historiador, también perteneciente a la Escuela de los Anales, paseándose por situaciones de carácter biográficos de Bloch, realiza una penetración en su pensamiento y lo contrasta un poco con el de LucienFebvre. Plantea que Bloch es el iniciador de los estudios de las mentalidades y recurre a algunas citas delhistoriador mártir, en la cuales este, expresa abiertamente, su interés por este tipo de estudios para explicar los procesos históricos. Refiere al libro Los Reyes Taumaturgos: Estudio sobre el carácter sobrenatural atribuido a la potencia real, particularmente en Francia y en Inglaterra (1924), planteando entre otras cosas que
la originalidad de su metodología se puede reducir a tres caracteres: el estudio de un fenómeno a lo largo de un prolongado período; una investigación llevada conjuntamente, con el objeto de establecer comparaciones, en las diversas regiones de una misma área cultural; una nueva lectura de los textos narrativos y el recurso a las fuentes no escritas para descubrir las huellas de un ritual y de una imagen mental. Sin embargo lo esencial está en otra parte . . . He aquí que se dedica, a partir de entonces, sistemáticamente a descubrir, en el ámbito de lo imaginario lo que puede movilizar a tales grupos: en cuanto a los hechos sociales, Bloch, decide abordarlos a partir de una faceta aún virgen, que es el de las actitudes de la mente[4]

Con estos argumentos, Duby, apoya su aseveración en cuanto que Bloch es el iniciador del estudio de las mentalidades, corriente a la cual se adscribe el propio Duby, dentro de la Escuela de los Anales y que por mucho tiempo predominó en las universidades francesas de historia y que influye mucho aún en muchas partes del mundo.

Por otro lado, Duby, afirma que Bloch se vio influido por la lingüística, de la cual se apoyo para construir su método comparativo; por la ciencia histórica alemana, de cuyas técnicas tomó la erudición como herramienta de la cual, al apoyarse del  tratamiento adecuado de las fuentes, incluyendo aquí a la crítica, se erigen los discursos históricos con rigor; la geografía de Vidal de la Blanche y la sociología de Émile Durkheim (1858-1917), aseverando que la revista El Año Sociológico, editada por Durkheim, debió tener una influencia para la generación de Bloch, comparable a la que tuvo Anales para la gente de la generación de Duby.

Plantea Duby que Bloch, sólo a partir de 1929, se aleja del estudio de las mentalidades, para afincarse al estudio de lo material, de la economía. Esto se refuerza, según Duby por el hecho de haberse, encargado Bloch, de la cátedra de Historia económica de la  Sorbona, en 1936. La amistad de Bloch con Henri Pirenne y el acercamiento a la obra de Simiand, también agregan importante información, según Duby, para explicar la inclinación de Bloch hacia la economía.

Marx fue muy admirado por Bloch como analista de la historia, pero este se cuidó de guardar distancias con relación al creador del materialismo histórico, quien mucho antes que los anales había buscado en la concepción de las estructuras la explicación a los fenómenos sociales y había asumido una visión totalizadora en sus estudios de las sociedades humanas.

Duby cuestiona ese apartamiento de Bloch con relación a las mentalidades y al tiempo de larga duración y su predilección por las cuestiones materiales, por las rupturas y su aparente afán de establecer periodizaciones atendiendo a nociones de generación y civilizaciones. No es difícil imaginar este cuestionamiento de un representante del estudio de las mentalidades. Pareciera que presenta a Bloch como a un padre que reniega y abandona sus orígenes, a quien sus hijos le hacen un dolido reclamo de paternidad y fidelidad.

Por último, Duby fija su mirada sobre el libro Apología de la Historia para decirnos que no se trata de un libro de teoría de la historia sino de un ejercicio de artesanía intelectual, “la agenda de un artesano”. Como testimonio de alguien que conoce bien su faena de artesano intelectual, a la cual le ha dedicado innumerables horas sin detenerse mucho a pensar en ello. Así debe ser tomado este trabajo de Bloch, según lo estima Duby. Muchos intelectuales, coinciden con esta apreciación.

3.- Marc Bloch en la Historiografía de su Tiempo y su Medio, de Salvador Morales. Comienza Morales haciendo una revisión de la biografía de Bloch, sin desatender, todo lo contrario, al contexto geohistórico. Se pasea por las condiciones socio económicas de la región donde se cría Bloch, así como por la crisis del 29, año, precisamente, en el que nace la revistalos Anales de Historia Económica y Social.

Explica, que esta crisis del 29 se relaciona directamente con el hecho de que Bloch haya desarrollado importantes estudios referidos a la cuestión económica y social.
Por ser un hombre de su tiempo, Marc Bloch se sintió tentado a encontrar una explicación a los mecanismos de la vida de los hombres. Acuciado por una época de bruscas y veloces transformaciones materiales, de incesantes descubrimientos técnicos y científicos, de politización creciente de las masas, de agudos problemas económicos (la crisis, la inflación, el crecimiento, etc.), se lanza a los campos de la ciencia para aportar un poco de luz sobre las complejidades del comportamiento social de los hombres. Antes de la guerra mundial de 1914 ya había entrado de lleno en la investigación histórica y comenzaba a definir el campo de su especialidad. Los estudios medievales y la historia agraria francesa serán los objetos de su apasionada labor.[5]

Como puede notarse, Salvador Morales, se diferencia marcadamente de Duby, a la hora de buscar las causas que llevaron a Bloch a inclinarse por los estudios económicos y sociales (lo material, como diría Duby). Es interesante ver las diferencias que se presentan  a la hora de abordar la realidad, entre un marxista y un representante del estudio de las mentalidades de la Escuela de los Anales.

Se pasea, también, Morales por la influencia que recibe Bloch y refiere que estas, en parte, vienen fuera de Francia y fuera de la historia.Que las concepciones positivistas de moda, combinadas con  la crítica filológica y la heurística, configuraron para mediados del siglo XIX una nueva posición historiográfica. Esta corriente ponía inmenso énfasis en la utilización de los archivos documentales como fuente de información objetiva. De estas aguas, bebe Bloch, para construir su propuesta metodológica, aunque cuestione su excesivo apego a la descripción erudita y a la ilusión de imparcialidad. Así, también, cuestionó a la corriente romántica, especulativa y ligera. Con relación al positivismo, puntualiza Morales lo siguiente:

Aunque, los procedimientos desarrollados por esta escuela historiográfica trajeron a la ciencia un progreso cierto, no podemos dejar de reconocer, que lo que fue una conquista indudable de la historiografía no tardó en evidenciar que había apresado a la historia en un cepo de acero. Es, precisamente, contra esta férrea y angosta concepción que se alzaron filósofos como Henri Berr, economistas como François Simiand, historiadores como Lucien Febvre y Marc Bloch, hasta escritores desconcertados como Paul Valéry, y Charles Péguy que encabezaron en Francia el “proceso de Clío”, en repudio a la producción histórica de entonces.[6]

Es decir, el positivismo, recibe la envestida desde distintas perspectivas. Estas disciplinas, sirven a Bloch y a Febvre para asumir una visión totalizante, apoyada, lógicamente en la interdisciplinaridad, otro aporte significativo de la Escuela de los Anales a la historia en aquel momento.

Morales, se detiene algo más en Berr para precisar que este reconoce la influencia de Marx en la historia y solicita de la comunidad de historiadores esta misma aceptación. En tal sentido cita a Febvre, anticipando que Bloch, debió compartir la misma posición, cuando expresa que muchas ideas de Marx, ya constituían, para aquel entonces, parte del caudal intelectual y cultural de los historiadores. Por lo que ninguno podía escapar a la influencia del autor del Capital.

En las últimas páginas, Morales, se refiere al libro Apología de la Historia o el Oficio de Historiador.Comenta en relación a su contenido, además de ofrecernos algunos datos como que la primera vez que se editó fue en 1949 y para el momento de la edición cubana, ya se habían realizado seis ediciones y en español se habían realizado tres y con la cubana cuatro, esto, por las cuentas que sacamos, debió ser para 1974 (no aparece la fecha del prólogo, pero el escrito de Duby que reseñamos antes fue escrito en 1976 para la séptima edición francesa, y Morales, afirma que el libro había sido escrito hace treinta años y Bloch fue fusilado en 1944, sin haber terminado totalmente el libro, como lo afirma Febvre en la nota  final).

Resalta la vigencia que aún tiene el ensayo, a pesar de que para la fecha se han escrito innumerables trabajos relacionados con la metodología y las técnicas en la historia. Asimismo destaca la importancia de la historia en Bloch, cuestión que Morales, comparte:

De esta manera Bloch eleva la función social de la historia –y por supuesto-, del oficio de historiador a su legítimo rango. La historia colabora así, a crear una base de conocimientos sólidos de la realidad para ayudar a encontrar soluciones en el tiempo presente. La historia en el pensamiento de Bloch, no es el regodeo por la tradición, ni la acumulación sin sentido de la cultura histórica: es comprensión. Así asienta las bases para transformar esta comprensión en el preludio necesario a la acción correcta.[7]

Esta visión cruza al libro de Bloch, respondiendo así la pregunta que da inicio al libro, ¿para quesirve la historia? Evidentemente, Bloch, se toma el trabajo de construir su valiosísimo aporte a los historiadores y a las ciencias sociales, en circunstancias harto difíciles, pero su contestación no podía ser mejor. De ahí la vigencia del escrito.

4.- Introducción,de Marc Bloch. De la legitimidad de la ciencia histórica. De esto se trata en este libro, y Bloch lo dice en su introducción. Se trasluce la pasión por la historia que mueve al autor:

Es verdad que, incluso si hubiese que considerar a la historia incapaz de otros servicios, por lo menos podrá decirse en su favor que distrae. O, para ser más exacto –puesto que cada quien busca sus distracciones donde quiere-, que así se lo parece a gran número de personas. Personalmente, hasta donde pueden llegar mis recuerdos, siempre me ha divertido mucho. En ello no creo diferenciarme de los demás historiadores que si no es por esta, ¿por qué razón se han dedicado a la historia? Para quien no sea un tonto de marca mayor, todas las ciencias son interesantes. Descubrirla para consagrarse a ella es propiamente lo que se llama vocación[8]

Difícil resultaría no compartir estos conceptos que dicen de la pasión  y el compromiso que reclaman el oficio de historiador. Bloch,  indudablemente, fue testimonio de esto.

Pero al volver sobre el asunto de la legitimidad de la ciencia histórica, Bloch, plantea que su justificación se encontraría en la clasificación racional de los conocimientos y en la inteligibilidad de los procesos históricos. A lo que agrega como misión el posibilitar una vida mejor para sociedad. Petición nada injusta, no sólo para la historia, si no para todas las ciencias.

Habla, Bloch, acerca de lo que convierte a la historia en ciencia, de su objeto y sus métodos, su recorrido. Denuncia la rigidez que la caracterizó en los últimos años a algunos historiadores (para la época en la cual Bloch, escribía su ensayo), que pretendieron hacer uso implacable de la racionalidad científica, la objetividad y la comprobación de todo fenómeno social, desdeñando las manifestaciones humanas que se resistieran, por su propia naturaleza a calzar dentro de esta perspectiva. Así mismo cuestiona a la “historia historizante”, que  incurre en el romanticismo, evadiendo la objetividad y el apego a lo real, deslizándose por el camino de  la especulación.

Al referir a los métodos de la historia, le da mucha importancia  a la formulación de interrogantes. Esto es fundamental. Convertir en problema, los acontecimientos humanos en el tiempo. Y en cuanto a la búsqueda de las respuestas, refiere que las ciencias reclaman de una visión flexible y probabilística. La certidumbre no es ya tan absoluta a la hora de asumir la investigación histórica. Es cuestión de grados, según Bloch. La historia como parte de ese movimiento universal hacia el conocimiento, en cuanto ciencia, que no deja de moverse y aprender, asume la relatividad de sus hallazgos. 

La uniformidad no puede ser el rasgo fundante de las ciencia. Las ciencias humanas guardan evidentes diferencias con las ciencias naturales. Los historiadores no tienen por qué pretender legitimarse insistiendo en alcanzar una objetividad ni aspirar a demostraciones que no le son propias. Se debe sí, evitar los sesgos, los atajos y el romanticismo que mucho nos alejarían de un ejercicio científico.

Capítulo I: La Historia, Los Hombres y El Tiempo.

1.- La elección del historiador. Desde que apareció la historia hace más de dos mil años, se ha permitido tocar todo lo humano. No hay territorio vedado para la investigación histórica. El historiador puede elegir entre distintos asuntos, delimitando, por supuesto, el ámbito, pero sin tener escrúpulos paralizantes, dado que la interdisciplinariedad permitiría los abordajes más atrevidos, pero sin olvidar que la historia de los historiadores es la historia de los hombres, de las sociedades.

2.- La historia y los hombres.La historia no es la ciencia que estudia el pasado. Es la ciencia de los hombres en el tiempo. Es decir estudia las acciones humanas que movidas por necesidades colectivas se hicieron y hacen posibles sólo a partir de las estructuras sociales donde surgen. Esta definición da cuenta de las causas de estas actuaciones humanas, de lo que cambia en la duración. Porque la función de la historia no es narrar y describir sino comprender, explicar.

3.- El tiempo histórico. Partiendo de que la historia indaga en torno a las sociedades en el tiempo, se desprende la precisión que lo definido refiere a la continuidad, a lo que permanece y a su contrario, lo que cambia. La relación de ambos aspectos marca la actividad de historiador y hace surgir muchas interrogantes que motorizan el oficio.

4.- El ídolo de los orígenes. El pretender explicar lo próximo por lo lejano llegó a constituirse en una forma de actuar de los historiadores anteriores a Bloch.Una especie de obsesión. Apoyémonos un poco en las palabras del Dr. Reinaldo Rojas:
Mucho antes de que el filósofo francés Gaston  Bachelard desarrollara en 1938 su tesis de que el avance del conocimiento científico había que plateárselo en términos de obstáculos epistemológicos, en 1903, François Simiand, eminente sociólogo de la Escuela durkhemiana, fundador entre otros de la historia económica moderna y del cuantitavismo histórico, llamaba a los jóvenes historiadores a enfrentar uno de los ídolos que – siguiendo la teoría de Francis Bacon acerca de los ídolos que ocultan la verdad – dominaban la construcción de conocimiento histórico en la tribu de los historiadores: el ídolo de los orígenes. Entre aquellos jóvenes que leían sus obras en la década de los 20 y 30, estaban Marc Bloch y Lucien Febvre, fundadores de la llamada Ecole des Annales. Tal sugerencia tiene en Bloch gran resonancia, a tal nivel, que en el Capitulo I de su Apologie pour l’histoire, el autor de Los Reyes Taumaturgos le dedica un subcapítulo con ese nombre: El ídolo de los orígenes.[9]  

Por lo que expresa Rojas, esta preocupación de Bloch, por el ídolo de los orígenes, era compartida por personajes de la escuela de Durkheim, recordemos que la Escuela de los Anales, tiene una marcada influencia de esta corriente sociológica.

Orígenes no tiene por qué significar un comienzo que de por sí mismo explique. No se puede explicar estableciendo filiaciones. Eso no basta. Bloch, es categórico al respecto:

En una palabra, un fenómeno histórico nunca puede ser explicado en su totalidad fuera del estudio de su momento. Esto es cierto en todas las etapas de la evolución. De la etapa en que vivimos como en todas las demás. Ya lo dijo el proverbio árabe antes que nosotros: “Los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”. El estudio del pasado se ha desacreditado en ocasiones por haber olvidado esta muestra de la sabiduría oriental.[10]

Bloch no deja lugar a dudas, hay que buscar en la propia época los elementos que nos posibiliten explicarla. La filiación en el remoto pasado no nos da esa explicación. Que como sabemos es la tarea fundamental de la historia como ciencia.

5.- Los límites de lo actual y lo inactual. Así como lo escrito en el párrafo anterior es cierto, no deja de serlo también el hecho de que si sólo nos atenemos exclusivamente a lo que nos dice cada época de sí misma, podemos correr el riesgo de no comprenderla porque muchos procesos se estiran en el tiempo más allá de lo que “marca” su propia época. Bloch, coloca como ejemplo, los fenómenos monetarios y de la economía, cuestión, que sabemos estudio por muchos años.

6.- Comprender el presente por el pasado.  Explicar el presente sin acudir al pasado se apoya en la extravagante creencia que los fenómenos, procesos e instituciones, desaparecen de manera mágica sin dejar ningún rastro y sin la más mínima influencia sobre el presente. Sin ninguna continuidad. Este criterio soslaya la inercia que caracteriza a las creaciones de la sociedad. 

De esta necesidad de comprender el presente por el pasado, surge la necesidad de comparar. Surge el método comparativo para ayudar en esta tarea de comprender y explicar.

7.- Comprender el pasado por el presente. Esta idea, resulta el complemento de la anterior, pero dejemos que Bloch explique: “la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás,  menos vano esforzarse por conocer el pasado sino sabemos nada del presente.”[11]

Aquí, se desprende claramente, la necesidad de aplicar el método regresivo de Bloch. Desandando los caminos del tiempo. Caminado al revés. De lo más conocido hacia las tinieblas de lo desconocido que espera en el remoto ayer. Muchas veces, es preciso partir del presente para arrojar luces en la comprensión de procesos pasados.

Capítulo II: La Observación Histórica.

1.- Caracteres generales dela observación histórica. No hay conocimiento ni ciencia sin observación. De aquí hay que partir. Pero como no podemos observar el pasado directamente, no nos queda otra alternativa que hacerlo de manera indirecta. Es decir, valernos de lo observaron otros, de lo nos han dejado materialmente. Esto nos dirá. Debemos aprender el oficio de aprender a observar eso dejado. Siempre quedarán cosas afuera porque cada objeto, cada documento no se explica por sí solo. Los mecanismos que hicieron posible su surgimiento, así como su justificación nos obligan a mayores indagaciones e imaginación, unidas a una perceptibilidad, capacidad de relacionar y descubrir.  Los sentidos apenas son nuestro recurso primario. Así como el testimonio, con todo y lo evasivos que a veces resultan y lo resistente que a veces son, para mostrar su vinculación explicativa con los asuntos que se estudian en un momento dado. Las huellas que nos dejan los fenómenos y los procesos para que podamos desentrañarlos.

2.- Los testimonios. Esas huellas, testimonios (objetos materiales o documentos), con las que podemos contar para comenzar cualquier investigación histórica, son clasificadas por Bloch, en dos tipos, los voluntarios y los involuntarios. Al hablar de los primeros, se refiere a aquellos que fueron dejados con la expresa intención de servir a las generaciones futuras para recordar su pasado. Los segundos, son los que resultan del ejercicio cotidiano de vivir, de las faenas diarias de distinta índole (el hogar, trabajo, religión, salud, política, recreación, educación, ciencia, en fin, todo lo que se relacione con lo humano y lo divino), pero que no fueron dejados intencionalmente, a las generaciones futuras para evocar el pasado.

Sea cual sea la naturaleza de los testimonios, hay que interrogarlos, hay que acercarse a ellos con un cuestionario. Se trata de hacerlos hablar y si no le preguntamos no nos dirán nada, como cualquier ciudadano de la calle que se siente a nuestro lado en un vehículo de transporte público sin ni siquiera saludar. Se irá sin que sepamos nada acerca  de esa persona. Juntando y cruzando lo que nos digan los diferentes testimonios podremos ampliar la comprensión, profundizando la visión de lo estudiado. La naturaleza del tipo de testimonio nos dirá acerca de la técnica y de las herramientas a usar para hacerlo hablar. La lingüística es una herramienta indispensable para entenderse con muchos documentos, porque las ideas se expresan con  palabras, las más de las veces. Existe el dibujo la gráfica y el número pero las palabras son un vehículo privilegiado para expresar los pensamientos.

3.- La transmisión de testimonios. Bloch, nos dice aquí, que hay que saber buscar porque existen lugares más apropiados que otros para esas determinadas averiguaciones. Hay que tener una idea de lo que se inquiere, de su contexto y de sus relaciones para atisbar a dónde buscar. Conocer la naturaleza de los tipos de documentos de cada época, saber  para qué se usaban, sus modos y estilos. Algunos documentos arrojan luces respecto a ciertos temas y ocultan otros aspectos. La relación cercana con los documentos y las épocas y las instituciones que los elaboran nos permitirá hacer el uso más adecuado de las fuentes.

Capítulo III: La Crítica.

1.- Bosquejo de una historia del método crítico. Ningún investigador debe atreverse a realizar un voto de credibilidad a las fuentes, a los testimonios. Claro, tampoco el escepticismo, es buen consejero. Lo mejor es hacer uso de las fuentes de manera crítica. Cuando se habla de crítica tampoco se hace referencia al sentido común. Cuando el principio natural de dudar se convirtió en regla para examinar instrumentalmente a los testimonios, estuvimos a las puertas del método crítico, tan valioso a la hora de estar frente a los testimonios.

Bloch, ubica en  1681, cuando se publicó De Re Diplomática, el nacimiento de la crítica a los documentos de archivo, y por lo tanto momento decisivo en la historia del método crítico. Antes de ese momento, hablar de crítica se asociaba a las cuestiones de gusto, a partir de ahí, se comenzó a relacionar con las pruebas de veracidad.

Bloch, refiere nombres y fechas y establece relaciones en este asunto. Hay una generación,a la que no sería totalmente impropio llamar  generación cartesiana: Papebroek, nacido en 1628; Mabillon (padre de la paleografía), nacido en 1632; Richard Simon, nacido en 1638; Spinosa, cuyo Tratado Teológico-Político, es considerado una pieza de crítica filológica e histórica, nacido en 1632. Todos estos personajes hicieron crítica y según Bloch, se relacionan en alguna medida con el libro El Discurso del Método, escrito por Descartes y aparecido en 1637. Este libro se pensó inicialmente como el prólogo de un libro mayor, conformado por tres tratados relativos a la ciencia y a la filosofía. El nombre completo del Discurso del Método, es: Discurso del método para guiar bien la razón y buscar la verdad en las ciencias. En este libro se  efectúa una firme crítica de las ciencias y de la filosofía de aquel tiempo, reconociendo tan sólo el valor de las matemáticas y de la introspección personal. Descartes busca en este libro un nuevo método que le posibilite  lograr la certeza y un nuevo fundamento de racionalidad. Recordemos la máxima cartesiana: Pienso luego existo. Que da cuenta del ejercicio racional de la duda como vía para acceder a la verdad. La duda hasta entonces, sólo se había tenido en un sentido negativo, relacionándose con el sufrimiento. A partir de aquí se asociará a un ejercicio racional que puede conducir al conocimiento.

Aplicados estos principios a la crítica  de documentos, se trata de emplear unas reglas generales que permitan al historiador no perderse en la erudición, haciendo uso indiscriminado de las fuentes y quedar atrapado en una especie de voto de fe (credulidad) ante todo testimonio. El uso de testimonios involuntarios es un recurso importante de la crítica de escritos, así como el cruce y contrastación de distintos documentos y fuentes, siempre a la luz de una actitud interrogante e inteligente. 

Asimismo, resulta obligante una regla de probidad intelectual que plantea que al hacerse una cita de algún documento, debe posibilitarse al lector la ubicación de ese escrito, de tal suerte que se debe dar la información (clara y breve), acerca de la procedencia del mismo. Así, quien lee, tendrá la posibilidad de comprobar o no la veracidad del documento y ampliar su lectura y comprensión del asunto.

2.- La persecución de la mentira y el error. En este andar en la búsqueda de la verdad histórica, preciso es saber reconocer a su contrario: la mentira, el engaño y el error. En este sentido Bloch, hace indicaciones que ayudan en este sentido. Plantea que la impostura es el  peor de los vicios que podría tener un testimonio y en este sentido, afirma que existen dos formas de presentarse: 1.- el engaño acerca del autor y la fecha y 2.- el engaño sobre el fondo. En el primer caso se trata de falsificaciones de documentos que con el objeto de engañar se elaboraron en fechas posteriores a los acontecimientos a los que hacen referencia y se lo atribuyen a determinados personajes o instituciones. En cuanto a la segunda forma,  podemos decir que se trata de documentos auténticos, pero que cuyos autores, de manera intencionada, mienten u omiten información importante y significativa relativa al asunto que tratan.  Además está el engaño grotesco, vulgar y descarado que se dejan ver sin mayores esfuerzos.

Estas  formas de engaño  obligan a distintas formas de afrontarlos. Bloch se vale de varios ejemplos para ilustrarnos en este sentido. Ahora, bien, descubrir los motivos del engaño es tan importante como descubrirlo. En tal sentido, podemos decir que una mentira es una forma de testimonio. No podemos conformarnos con evitarnos errores si esto nos aleja de un conocimiento. 

Así también está el error involuntario. Tan involuntario como cualquier pifia que pueda aparecer en el trabajo que entrego a mis profesores para ser sometido a su evaluación. Cada época y cada circunstancia está siempre expuesta a estas posibilidades. Algunas veces los colectivos, crean involuntariamente, historias que de alguna forma justifiquen ciertas y determinadas actuaciones. Bloch, se permite varios ejemplos para ilustrar estos casos.

3.- Ensayo de una lógica del método crítico. Criticar un testimonio es una tarea minada de sutiles riesgos y desvíos. La mejor manera de asumir esta tarea es desde la comparación. Cruzar testimonios  de distinta naturaleza, contrastarlas con la información que se tenga de la época o asunto estudiado ya que entre estos debe haber al menos un mínimo de correspondencia. Andarse por lo que podía llamarse la psicología de los hechos, escudriñar en las motivaciones más intimas de los personajes o instituciones, sus razones o motivaciones para mentir o decir la verdad. En cuanto a la correspondencia, debe ser razonable. En exceso de esta puede evidenciar alguna intención engañosa.

Así, la crítica se mueve entre dos extremos; la similitud que justifica y la que desacredita. Porque el azar de los encuentros tiene sus límites y la armonía social está hecha de mallas poco tirantes. En otros términos, estimamos que existe en el universo y en la sociedad una suficiente uniformidad para excluir la eventualidad de divergencias extremas. Pero esta uniformidad, tal como nos la representamos, obedece a caracteres muy generales. Supone, pensamos y de alguna manera engloba, tan pronto como se penetra en lo real, un número de combinaciones posibles demasiado cercanas, al infinito para poder  concebir su espontánea repetición: se necesita un acto voluntario de imitación. En fin de cuentas, la crítica del testimonio se apoya en una instintiva metafísica de lo igual y lo desigual de lo uno y de lo múltiple.[12]

Estos extremos nos obligan al uso racional de la comparación con una meticulosidad tal, que considere en sus detalles la naturaleza de los fenómenos implicados en lo que se indaga.Esto refiere al principio de la semejanza limitada.
Lo mismo puede decirse en el sentido contrario. Por más uniforme que se a una sociedad y un época, siempre habrá la posibilidad de lo distinto, de lo original. Recordemos que la historia se pasea entre lo que perdura y lo que cambia en las sociedades, a través del tiempo. Pero así como la semejanza esta limitada, también ocurre con lo original con lo distinto, todo testimonio da cuenta de la época en la cual surge, está improntado por esas formas epocales. Todo inscrito, por supuesto,  dentro de la probabilidad, que no niega las coincidencias inocentes, el azar.

Capítulo IV: El Análisis Histórico.

1.- ¿Juzgar o comprender?Esta pregunta nos coloca ante el problema de la imparcialidad histórica y la concepción de la historia como tentativa de análisis. Claro, además del asunto de la probidad. La imparcialidad del juez y la del sabio se pueden comparar. Cuando el segundo ha observado y explicado abandona su tarea y desaparece, en cambio el juez está en la obligación de dictar sentencia, de acuerdo a las disposiciones legales, lo cual equivale a tomar partido por los conceptos que se reflejan a través de las leyes. La culpabilidad con relación a distintos tópicos, forma parte de los convencionalismos de las civilizaciones y estas han cambiado en ese sentido. No es tarea de los historiadores el asumir funciones de juez a la hora de investigar los hechos y procesos históricos. Al historiador le toca comprender. Y mientras más nos alejamos en el tiempo del objeto de estudio, más debemos apartarnos de la tentación de realizar juicios de valor, en tanto los convencionalismos sociales han cambiado a lo largo del tiempo. Hay modos y costumbres que al verlos con los ojos de hoy, podían aparecer como inaceptables o cuestionables.

2.- De la diversidad de los hechos a la unidad de las conciencias. No se puede considerar a la acción de comprender como una actitud pasiva. Ante la inmensa cantidad de elementos y situaciones que conforman la realidad estudiada, al historiador le corresponde escoger, juntar atendiendo a algún tipo de parentesco o semejanza. Así se inicia la categorización necesaria de toda disciplina(agrupando por categorías), y estas estableciéndose en atención de algunos criterios que se pretenden no arbitrarios y que se ajusten a la naturaleza de lo observado. En esto, todas las ciencias están de acuerdo. De no realizarse esta tarea nos perderíamos en la extraordinaria diversidad que nos rodea. El sentido, o el interés de lo que se investiga, inclinarán la balanza a la hora de escoger dentro de lo observado. Donde habrá de detenerse el investigador para interrogar con rigor y acuciosidad. La abstracción, ese ejercicio que implica el acto de aprender y crear conocimiento, se inicia en la clasificación, en el acto sencillo de escoger.Bloch nos dice que “En la medida  en que su determinación tiene lugar de lo más antiguo a lo más reciente, los fenómenos humanos se gobiernan, ante todo, por cadenas de elementos semejantes. Clasificarlos por géneros es, pues, poner de manifiesto líneas de fuerza de una eficacia capital.”[13] Aquí lo que resta es que al momento de realizar esas agrupaciones nos atengamos a semejanzas reales, desatendiendo cualquier deseo que implique falsas similitudes.

Sin embargo, no olvidemos que los distintos aspectos que constituyen a una sociedad no se superponen unos sobre otros como las barajas de un juego de naipes. Se relacionan muy íntimamente que por lo general no puede explicarse uno sin acudir a las relaciones que mantienen con los otros aspectos. De aquí que los criterios de especialistas que dividen a la realidad en compartimientos estancos no resultan de mucha ayuda a la historia que intenta la visión global de la sociedad en el tiempo. La explicación y la comprensión están en la totalidad y no en las partes por separado. Se analiza para juntar de nuevo en una visión general.
3.- La nomenclatura. Todo análisis histórico se hace a través de palabras, las cuales deben responder a la precisión que se requiere. Ahora, bien, las palabras que nombran al mundo, cambian, así como también el mundo, pero no de manera sincronizada. En la historia puede notarse que se mantienen los mismos nombres aunque haya cambiado la naturaleza y característica de lo nombrado, por eso muchas palabras no atienden ya a su etimología, atienden a su uso actual. Así su uso actual, difícilmente nombrara la realidad de otrora. Es decir, hay que tener mucho cuidado al leer documentos antiguos para no incurrir en equívocos, interpretando significados anacrónicos. Lo ideal es usar los nombres de cada época, y no usar los actuales que creamos equivalentes. Hay que leer e interpretar, atendiendo al contexto de cada época. Cada época tiene las palabras que la nombran. Por lo general, las palabras marchan con más lentitud que los significados. Sea, lo nombrado de naturaleza material o mental, siempre podremos ver como las palabras van a la zaga de los significados. Lo que pasa es que la cotidianidad hace imperceptible los cambios  que se viven. Así van cambiando los contenidos y al no ser percibidos, mantenemos las etiquetas. Cuando abrimos el frasco nos damos cuenta que hay adentro, algo muy distinto a lo que aparece en la etiqueta (si es que no se ha dañado) y que habíamos metido hace mucho tiempo ahí. Pero como no podemos hacer ciencia sin el uso de su código, estamos obligados a transitar por los riesgosos  caminos de la nomenclatura. Que siempre se ve atravesada por el tiempo y el espacio. Porque las instituciones tienen distintos nombres en distintos lugares, o tienen funciones semejantes y diferentes. A veces cuando se trasladan a otros lugares se modifican por la natural necesidad de adaptarse, en fin, todos estos asuntos deben considerarse a la hora de “traducir” los documentos.

Podía haber otros detalles, como que las clases sociales que escriben y tienen escribientes, tienen unos usos distintos al resto del pueblo que no emplea la palabra escrita. Además hubo modas para expresarse en los distintos ámbitos de la vida (religioso, judicial, militar, íntimo, científico, económico, etc.). Las intenciones de una comunicación también podían llegar a modificar el significado de algunas palabras que siempre deben leerse en su contexto. Primero hay que leer el contexto y después los documentos. El uso inadecuado de nomenclaturas puede llegar a desfigurar tanto el pasado que lo haga irreconocible, algo así como que alguien se nos presente con unos atuendos tan impropios, tan distintos a lo que conocemos de esa persona que no la reconozcamos. Esa es la naturaleza de los disfraces: cambiar de tal forma de ataviarse (la etiqueta, el envoltorio), que no se pueda reconocer la persona (el contenido).

Las clasificaciones cronológicas también corren sus riesgos. Anteriormente, se nombraba a las épocas atendiendo a los criterios que podía permitirse la historia que andaba aún por los derroteros del romanticismo, la especulación, cercada por las figuras políticas, militares, los reyes, etc. Bloch, plantea que los ordenamientos cronológicos deben ser contados en siglos para así evitar caer en modas impropias. En todo caso, es mejor buscar el encadenamiento de fenómenos o procesos de igual naturaleza (o emparentados), a lo largo del tiempo, para intentar nombrarlas a partir de los rasgos más característicos. Esto podría atenuar un tanto los riesgos de nombrar a las épocas, a clasificarlas, porque “Las transformaciones de la estructura social, de la economía, de las creencias, del comportamiento mental, no podrían plegarse sin deformación a un cronometraje demasiado exacto.”[14]

Por otro lado, Bloch, refiere al asunto de las generaciones en un intento de nombrar a los hombres nacidos en un mismo lugar y sometidos a las mismas influencias internas y externas, signados por acuerdos y desacuerdos, visiones, expectativas y formas de relacionarse.  Ubicar generaciones y delimitarlas puede resultar muy útil en esta cuestión de las nomenclaturas. Siempre atendiendo a las particularidades de lugar y tiempo. Desatendiendo la conseja de que las generaciones están signadas por la regularidad, por cuanto se ha podido observar en la historia, la presencia de generaciones largas y de generaciones cortas. Aunque siempre nos referiremos a fases de tiempo cortas, es hablar de generaciones. Cuando hablamos de fases realmente largas estamos tocando a las civilizaciones. Este es el criterio del maestro Bloch:

En resumen, el tiempo humano, seguirá siendo siempre rebelde tanto a la implacable uniformidad como al fraccionamiento rígido del reloj. Necesita medidas concordes con la variabilidad de su ritmo y que acepten muchas veces, porque así lo requiere la realidad, no reconocer por límites sino por zonas marginales. Sólo al precio de esta flexibilidad puede esperarse que la historia adapte sus clasificaciones a las “líneas mismas de lo real”, según dijo Bergson, lo que es propiamente el fin último de toda ciencia.[15]

La historia, en cuanto ciencia, debe flexibilizar sus visiones, a fin de tocar firmemente lo real. Las periodizaciones, deben ajustarse a  los rasgos fundamentales de las estructuras sociales.

Así mismo, la historia al atender, el problema de la causalidad, como toda ciencia, debe abarcar en su auscultación de lo real, la multiplicidad de aspectos que la abarcan y podrían explicarla. Esta relación causal requiere conciencia crítica. Saber discriminar entre condiciones y causas. Las condiciones vienen a ser como una especie de sustrato sobre el que se erigen y sostienen las causas. Esas condiciones, se supone, que existen o podrían estar presente para otras causas, para otros fenómenos. Esta revisión se hace en el entendido que la elección de la causa atiende a la perspectiva desde donde de enfrente lo estudiado. Otra cosa: no hay causas únicas, dada la complejidad y riqueza que nos evidencia la realidad histórica.

Apéndice.

1.    El texto de la conferencia, “Qué Pedirle a la Historia” dictada por Marc Bloch en el Centro Politécnico de Estudios Económicos a finales de 1936. Así como la introducción del libro La Sociedad Feudal;  la introducción del libro Los Caracteres Originales de la Historia Rural Francesa;y algunas notas manuscritas de Marc Bloch, serán resumidos a través de la enumeración de  algunos aspectos que consideramos más significativos:

·         La ciencia económica no puede conformarse con ser una ciencia de la observación. Debe clasificar e interpretar los hechos observados.
·         De la observación parten todos los métodos. Así lo hicieron Adam Smith y Carlos Marx.
·         La sola observación del presente no puede dar cuenta de los procesos económicos que puedan estudiarse en el presente. Se precisa recurrir a la historia.
·         La historia es la ciencia que se ocupa de los cambios y de las diferencias.
·         La economía capitalista se mueve en un clima de perpetua inestabilidad. Vive de la espera y del crédito que es expresión de esa espera y de esa inestabilidad.
·         El régimen de la moneda es de reciente data. Dos siglos aproximadamente.
·         El saber que las cosas cambian es favorable para quien trata de comprender y no tiene porque atribuírsele ninguna propiedad negativa.
·         Como muchos fenómenos se prolongan en el tiempo, al menos en cuanto a sus efectos o consecuencias, se deriva cierta debilidad al estudiar al presente. No sabemos hasta donde llegarán sus efectos.
·         Para conocer el presente hay que conocer el pasado. Si sólo se quiere conocer el presente no se le conocerá.
·         Hay que estudiar las regularidades en la historia, lo que se repite en el tiempo.
·         “¿Se puede esperar que un día el estudio del pasado nos conduzca a establecer leyes de evolución? ¿Qué esas leyes nos permitan determinar ciertas rupturas regulares de equilibrio, ciertas sucesiones de fases y luego mientras nos encontráramos en una fase dada, prever, de algún modo y sobre todo preparar la fase siguiente?”[16] Cara aspiración en un científico de la historia, también para un político. Marx se atrevió a contestar estas preguntas. (lo que está entre comillas le pertenece a Bloch, el resto es opinión de quien esto escribe).
·         Sólo el estudio del pasado da la sensación de cambio.
·         Mientras más se avanza hacia el estudio del pasado, mayor será nuestra posibilidad de comprender los fenómenos presentes.
·         La palabra feudalismo, apenas se comenzó a usar a partir de 1727.
·         Muchas veces se debe avanzar en los estudios históricos desde lo que más conocemos hacia lo que menos conocemos. 

2.    ¿Cómo aparecían los manuscritos de eta obra? De Lucien Febvre.
El libro fue revisado, organizado y presentado a la imprenta por LucienFebvre. Explica paso a paso como se fue topando con los contenidos. Todos vinculados directa o indirectamente con los métodos de la historia. Menciona las dificultades que encontró como la ausencia de referencias. Notamos algo curioso: dice Febvre, no haber encontrado una sola vez la palabra evolución, en el ensayo de Bloch, pero nosotros al leerlo vimos varias veces esta palabra. ¿Será un problema de la traducción al castellano?



IV.     Crítica

            Apología de la Historia, es un libro de método. No es un libro de teoría acerca de la historia. Es un libro casi artesanal como señalan repetidamente algunos autores como Duby.  Escrito de manera muy didáctico, casi aforística. Por lo general, el autor presenta en las primeras líneas de cada capítulo o subcapítulo sus ideas principales, después se va a algunos ejemplos que refuerzan o demuestran esa idea principal, para después volver con la idea principal cerrando un círculo. Por lo general, también  introduce en las últimas líneas el tema que  viene en el siguiente subcapítulo o capitulo. El libro toca pocos temas (la historia y la sociedad, la observación histórica y los testimonios; la crítica a los testimonios; y el análisis histórico). Se trata de una obra fundamental y vigente de la historiografía en general  y  de la escuela delos Anales en particular.

La escuela delos Anales, una de las corrientes más influyente entre los historiadores, sobre todo europeos ha recibido una serie de cuestionamientos desde el marxismo, como es el caso del profesor Juan Manuel Santana Pérez, quien dedica una parte de su libro Los Paradigmas Historiográficos a revisar esta corriente de la historia. Dedica un  espacio para señalar lo que para él son las debilidades de la Escuela de los Annales, colocando en primer lugar el desinterés evidenciado en esta escuela por la teoría, lo que ha conducido, según Santana, al extravío hacia el  metodologismo. Esta misma carencia de interés ha devenido en  la incapacidad de crear un sistema coherente de relaciones entre  los diferentes elementos de la sociedad, mostrándose una yuxtaposición de estos. Por otro lado está el tratamiento superficial e incorrecto de lo social y de lo económico, sobre todo en el económico, donde son mayores las deficiencias, en tanto que ponen excesivo énfasis en la circulación monetaria, desdeñando casi que por completo todo lo referente a la producción de esas riquezas que circulan a través de las distintas redes de la sociedad. El enfoque cuantitivista mostrado por la Escuela de los Annales no da cuenta de las explicaciones, tan necesarias,  de los asuntos económicos y sus relaciones con los distintos factores sociales. Señala también, Santana, como deficiencia,  ciertas corrientes neo-malthussianas dentro de la Escuela que intentan explicar los cambios históricos partiendo de lo demográfico, planteando una especie de determinismo demográfico. En cuanto a la interdisciplinariedad, plantea Santana que dentro de  los Annales no se establecieron relaciones horizontales con otras ciencias, si no que por el contrario, predominó una concepción instrumentalista de las otras ciencias, asumiéndolas como ciencias auxiliares o como simples suministradoras de herramientas  conceptuales, técnicas y metodológicas.

No todos estos señalamientos de Santana se le pueden adjudicar al libro que estamos estudiando. Cuando Bloch, habla de los distintos aspectos que se relacionan en la sociedad, refiere, explícitamente que no se superponen, si no que se influyen recíprocamente.

Otro marxista, Federico Brito Figueroa, revisa también, el pensamiento de Bloch, y encuentra familiaridad con el materialismo histórico. Para Brito hay abiertos puntos de encuentro entre el marxismo y este fundador de la Escuela de los Annales. Lo mismo dice con relación a Febvre. Se pregunta Brito: “Pero, entonces, ¿es posible, en términos de hipótesis y problema, considerar que hay alguna relación entre los fundadores de loa Annales  y el marxismo en sentido clásico? Sí, sí es posible, pero sin soslayar las diferencias.”[17]

Estas coincidencias podemos observarlas, según Brito, en la concepción de totalidad y de estructura, así como en algunos elementos de método. Así, la actitud ante la vida, la militancia en el tiempo presente, también constituye una coincidencia entre estos dos autores de origen judío. 
Plantea Brito que al leer con detenimiento Contribución a la Crítica de la Economía Política de Marx y observar, los señalamientos que hace este con relación al método, no podrá negar la relación existente entre Marx y Marc Bloch.

Desde el  criterio de totalidad marxista se plantea que lo concreto surge de la síntesis de muchas determinaciones, como la unidad de lo diverso. En Bloch y Febvre, se puede ver, el complemento en el abordaje, con el mismo punto de llegada: la totalidad concreta. Los Annales parten de lo concreto especifico para encontrar ahí, todo lo diverso, cruzándose y explicando eso específico. En Marx se va desde lo abstracto a lo concreto, asumiendo, a su vez lo concreto como síntesis de lo diverso. Bloch y Febvre, parten del dato concreto, para establecer múltiples relaciones y avanzar a través de la abstracción a la comprensión de la realidad como totalidad concreta, como síntesis.

Nos dice Brito  que Marx, mucho antes que Bloch, usó el método regresivo. Marx usó el método sin darle ese nombre cuando estudió las diferencias que existían entre la renta capitalista de la tierra y la renta de la tierra en las formaciones económico sociales capitalistas. Hace dos citas, una de Marx y otra de Bloch, donde se pueden ver una palmaria coincidencia. Marx dice que es más fácil estudiar a un organismo completo que a una célula y Bloch afirma que es más fácil investigar los orígenes de un proceso o fenómeno en plena madurez que en su génesis.

Antes de finalizar esta revisión comparativa que hace  Brito, nos gustaría que leamos directamente lo siguiente:

Hay, finalmente, otra coincidencia de  indispensable referencia, porque su dominio constituye una herramienta teórica del trabajo del historiador de oficio: me refiero a la capacidad de abstracción para descubrir las especificidades históricas que definen cualitativamente cualquier formación económico-social, sociedad global, estructura,  coyuntura, espíritu público de una  época, de una institución y vida –en sentido individual- de una personalidad de elevada o limitada significación.[18]

Esta coincidencia, es significativa para Brito Figueroa, en tanto posibilita la comprensión, tarea fundamental para todo historiador. En este sentido Marx y Bloch aportan buenas luces al oficio de historiador.









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CONSIDERACIONES FINALES

El libro Apología de la Historia o el Oficio del Historiador, constituye una pieza maestra de obligada consulta pero no para buscar definiciones de teoría acerca de la historia. Sin ser un manual, puede guiar al accionar de los historiadores, previniendo acerca de riesgos y trampas, dando luces acerca de cómo y dónde buscar. Sus Mayores aportes están en la utilización del criterio de totalidad y de estructura para la comprensión. En su momento, este solo planteamiento constituyó un verdadero salto para la historia, dominada por el historicismo, el positivismo y el romanticismo.

El uso de los métodos comparativo, regresivo y crítico, junto a la lingüística y la heurística, constituyen otros aportes importantísimos del libro de la visión que Bloch tiene del trabajo de los historiadores como artesanía intelectual. Así mismo la  perspectiva de interdisciplinariedad y alianza entre colectivos científicos para abordar la complejidad de los estudios históricos y sociales.

No se puede negar las coincidencias entre el marxismo y algunas visiones que se expresan directamente en este libro: la conceptualización de la totalidad, la utilización de los métodos comparativo y regresivo a la hora de los abordajes investigativos, la noción de estructura para buscar las explicaciones históricas.

Por otro lado, la corriente de las mentalidades dentro de la Escuela de los Annales, también reclaman la paternidad de Bloch. En tanto que los fenómenos del espíritu no pueden extraerse de la realidad dado que atraviesan e implican todo lo humano y Bloch lo trabajó seriamente en los Reyes Taumaturgos y otros ensayos, no puede, tampoco soslayarse esta relación filial.



FUENTES CONSULTADAS

1.    Block, Marc. Apología de la Historia o el Oficio de Historiador. Barquisimeto-Caracas. Fondo Editorial Buría y Fondo Editorial Lola Fuenmayor. 1.986. 232 páginas
2.    Brito Figueroa, Federico. 30 Ensayos de Comprensión Histórica. Caracas, Venezuela. Ediciones Centauro. 1991. 560 páginas.
3.    Santana Pérez Juan Manuel. Paradigmas Historiográficos Contemporáneos. Barquisimeto, Venezuela.  Fondo Editorial Buría. 2006. 198 páginas.
4.       Rojas, Reinaldo. Palabras en la Instalación del I Congreso Internacional de Ciencias Históricas y XI Jornada Nacional Sobre Investigación y Docencia en la Ciencia de la Historia, pronunciadas en el auditorio Ambrosio Oropeza de la Ucla (Barquisimeto-Lara), el 26 de julio de 2005.


[1] BLOCH Marc. La Tierra y El Campesino. Agricultura y vida  Rural en los Siglos XVII Y XVIII. 2002. P. 9
[2] Ibídem
[3] BLOCH, Marc. Apología de la Historia o el Oficio de Historiador. 1986. Pág. 8
[4] Ibíd. Pág. 16
[5] ´Ibíd. PP.30-31
[6] Ibíd. Pág.33
[7] Ibíd. Pág. 41
[8] Ibíd. Pág. 52
[9] ROJAS, Reinaldo. Palabras en la Instalación del I Congreso Internacional de Ciencias Históricas y XI Jornada Nacional Sobre Investigación y Docencia en la Ciencia de la Historia, pronunciadas en el auditorio Ambrosio Oropeza de la Ucla (Barquisimeto-Lara), el 26 de julio de 2005.
[10] BLOCH, Marc. Apología de la Historia o el Oficio de Historiador. 1986. Pág.69
[11] Ibíd. Pág. 78
[12] Ibíd. Pág. 130
[13] Ibíd. Pág. 153
[14] Ibíd. Pág. 175
[15] Ibíd. Pág. 179
[16] Ibíd. Pág. 200
[17] BRITO FIGUEROA, Federico. 30 Ensayos de Comprensión Histórica. 1991. Pág. 212
[18] Ibíd. Pág. 216

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