Concepción del Estado en la edad media.
Pasando
a la edad media para observar el pensamiento respecto al Estado que se tenía
durante esa larga época que va del siglo V
al siglo XV (mil años aproximadamente), se debe señalar que con la
decadencia del imperio romano, el cual se divide en el siglo IV, en imperio de
occidente cuya capital era Roma y el imperio
de oriente cuya capital era Bizancio (Constantinopla), los pueblos del
norte de Europa y Asia, atraídos por
las bondades que ofrecía el Mediterráneo y aprovechando la debilidad del
imperio romano y por supuesto, el rechazo que tenían en contra de este, los
distintos pueblos sometidos a sus impuestos, altamente onerosos y otros
atropellos, deciden atacar los extensos territorios del imperio. Disuelto este,
sólo quedan innumerables reinos
independientes, aun cuando Carlomagno intenta construir el Sacro Imperio Franco
Romano pero ya en el siglo IX.
De
los representantes más significativos de la iglesia católica de la edad
media se debe comenzar con
Agustín (354 D.C. – 430 D.C.),gran padre y doctor de la
Iglesia occidental durante los siglos IV y V, aseguraba que en la
indagación de la verdad se debía confiar en la experiencia de los sentidos. Es
considerado uno de las figuras más importantes de la iglesia católica después
de Pablo. Sus conceptos van a tener una
importancia cardinal en la noción política de Estado durante la Edad Media. Su
obra La Ciudad de Dios (413 D.C –
427 D.C.), constituye una honda meditación sobre la Historia y la Ciudad.
Aquí, San Agustín elabora una lectura diferenciada entre las dos
ciudades en las que se fracciona la humanidad y que coexisten desde el inicio
de los tiempos: una terrenal en la que el amor propio llega a repudiar a
Dios, y otra, la celestial, en la
cual el amor a Dios rebasa el amor a sí
mismo. Solamente El Supremo puede determinar a cuál de estas dos ciudades pertenece
cada ser humano. Un estatuto común aceptado por el pueblo, conforman un Estado
y esto constituye la ciudad terrenal.
Aun cuando Agustín asegura que todo poder legítimo proviene de Dios (en tanto
que este creó todo lo terrenal), la
ciudad terrenal no necesariamente tiene relación directa con Dios.
Mucho
más adelante en el tiempo, Santo Tomás
de Aquino (1224 D.C. – 1274 D.C.), religiosos
y filósofo (el mayor representante de la escolástica) que se enfrenta a los
averroístas quienes revindicaban a Aristóteles en cuanto a la importancia que
tenían los sentidos para la adquisición de los conocimientos, disminuyendo la
importancia de la revelación como fuente de saber. Para Tomás de Aquino las verdades de
la fe y las que surgen de la experiencia
sensible, tal cual lo planteaba
Aristóteles, son concurrentes y complementarias. Santo Tomás
ordenó el conocimiento de su época y lo orientó al servicio de la fe católica. En su carrera por conciliar la fe con el conocimiento derivado de la
experiencia sensible, fundó una síntesis filosófica de las obras y enseñanzas
de Aristóteles y otros sabios clásicos tales como san Agustín y otros padres de
la Iglesia, de Averroes, Avicena, y demás
eruditos islámicos, de pensadores judíos como Maimónides y Solomon ben
Yehuda ibn Gabirol, y de sus predecesores en la tradición escolástica. Así la Biblia, los preceptos católicos y todo
el conocimiento que parte de la concepción
teórica que posteriormente daría paso a la ciencia a través de la
observación y la experimentación, se sentaban a la misma mesa. La mesa de la
modernidad que se comenzaba a anunciar.
Destrozadas
las instituciones romanas, una de las que se mantenía más estables era la
Iglesia Católica, con la cual los reyes barbaros establecieron acuerdos, convenientes a las dos partes. Sin embargo, a
pesar de esta, tan provechosa alianza, no dejaron de presentarse conflictos
entre el poder civil y el eclesiástico. Así, distintos autores refieren que
durante la edad media se presenta el conflicto entre el “Poder Espiritual” y el
“Poder Temporal”. Se pasará en las líneas siguientes a dar revisión a algunos
autores de la edad media, haciendo sus reflexiones en torno al Estado.
De
los representantes más significativos de la iglesia católica de la edad
media se debe comenzar con
Agustín (354 D.C. – 430 D.C.),gran padre y doctor de la
Iglesia occidental durante los siglos IV y V, aseguraba que en la
indagación de la verdad se debía confiar en la experiencia de los sentidos. Es
considerado uno de las figuras más importantes de la iglesia católica después
de Pablo. Sus conceptos van a tener una
importancia cardinal en la noción política de Estado durante la Edad Media. Su
obra La Ciudad de Dios (413 D.C –
427 D.C.), constituye una honda meditación sobre la Historia y la Ciudad.
Aquí, San Agustín elabora una lectura diferenciada entre las dos
ciudades en las que se fracciona la humanidad y que coexisten desde el inicio
de los tiempos: una terrenal en la que el amor propio llega a repudiar a
Dios, y otra, la celestial, en la
cual el amor a Dios rebasa el amor a sí
mismo. Solamente El Supremo puede determinar a cuál de estas dos ciudades pertenece
cada ser humano. Un estatuto común aceptado por el pueblo, conforman un Estado
y esto constituye la ciudad terrenal.
Aun cuando Agustín asegura que todo poder legítimo proviene de Dios (en tanto
que este creó todo lo terrenal), la
ciudad terrenal no necesariamente tiene relación directa con Dios.
Para
San Agustín, los cristianos sólo podían aspirar a la ciudad celestial (Ciudad de Dios) y para esto
debían obedecer al poder divino debido a
que el poder terrenal a pesar de estar
separado del poder celestial, estaba dentro de la obra de Dios, así que el
poder divino prevalecía sobre el terrenal,
de tal suerte que todos deben
postrarse y someterse a él.
Los
conceptos de Agustín tuvieron mucha influencia sobre el humanismo y los
protagonistas de la Reforma (finales de la edad media y comienzos de la era
moderna).
En su concepción filosófica de la política, a pesar de aceptar la valoración
positiva de la sociedad humana, formula la justificación de la subordinación del Estado a la Iglesia.
Además asegura que el Estado debe estar
orientado hacia la consecución del bien común de toda la sociedad.
Dando algunos pasos atrás en el contexto donde surgen estas ideas acerca
del Estado, se puede reiterar que con la disolución del imperio romano, se
genera una inmensa dispersión del poder político. Los pequeños propietarios ya
no pueden contar con la protección del poderoso
Estado romano ante la posibilidad
de amenazas externas (aunque en el sentido positivo ya no eran esquilmados por
los impuestos imperiales), y se agrupan
alrededor de los señores feudales y viceversa, los señores feudales se
hacen acompañar de una red de pequeños propietarios los cuales le son
beneficiosos desde distintos puntos de vista, sobre todo económico y militar.
Muchos de estos señores feudales, otrora fueron oficiales reales que ante la
debilidad o ausencia de un poder central
fuerte, asumen la autoridad dentro de los territorios donde asientan sus
haciendas. En algunos casos, con autorización de los reyes y en otros, muy a su
pesar. Esta presencia y permanencia de estas relaciones favorables a los
señores feudales, terminaría generando las condiciones para que estos le
disputaran el poder o parte del poder a los reyes. Esto agudizaría la
percepción de dispersión del poder.
En los siglos XV y XVI, Europa
occidental se vio sacudida por una serie de eventos históricos relevantes como
la peste negra que diezmó a la población, llegando a aniquilar hasta a un
tercio de la población, los distintos episodios
de guerra entre príncipes y entre estos y los señores feudales, y el
cisma de la reforma. Todo esto debilitó el poder del modo de producción feudal.
La sociedad comenzó a experimentar una especie de laicización, lo cual de alguna forma se expresó en el ya viejo
debate entre “poder espiritual” y “poder temporal” o terrenal, es decir, entre el poder de los papas y el poder
de los reyes.
Bajo este cuadro de circunstancias, surge el pensamiento de Marsilio de Padua (1275-1343), teórico
político, teólogo y filósofo italiano. Su verdadero nombre era Marsilio dei Mainardini, nacido
en Padua, se matriculó para estudiar medicina en la universidad homónima.
Fue rector de la Universidad de París en 1313.
Este autor considera que la
iglesia no es una institución sagrada. Que es tan terrenal como
cualquier otra, y en tal sentido, le
correspondía al Estado Laico la máxima autoridad dentro de un
territorio, e incluso sobre la iglesia misma. La autoridad del Estado debe estar basada en las leyes.
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