Concepción del Estado en la Ilustración



1   Concepción del Estado en la ilustración.

Antes de pasar a la revisión del positivismo en lo que se relaciona con el Estado Nacional Moderno, resulta obligado pasearse por la ilustración,  dado que al carácter revolucionario, cuestionador (negativo), de la ilustración, responderá el positivismo. Ambos pensamientos surgen, como elaboración sistemática, en Francia.


Los teóricos de la ilustración, Charles Louis de Montesquieu (1689-1755),  Denis Diderot (1713-1784), Voltaire (1694-1778, Su verdadero nombre era François Marie Atouet), Jean Jacques Rousseau (1712-1778), Jean le Rond D'Alembert(1717-1783), entre otros, tenía la concepción de que

… todos los aspectos de la vida y la obra de los hombres estaban sujetos a examen crítico: las diversas ciencias, la revelación religiosa, la metafísica, la estética, etcétera. Percibían claramente un gran número de poderosas  fuerzas capaces de arrastrarlos, pero se negaban a abandonarse a ellas. . . Mediante  el conocimiento, la comprensión y la identificación de las fuerzas y tendencias principales de su tiempo, los hombres podían determinar  la dirección de esas fuerzas y controlar sus consecuencias.[1]

Esta visión expresa una inmensa fe en la razón y el hacer humanos, y muestra a estos pensadores como continuadores de los cambios culturales que vienen desde El siglo anterior (XVII), vinculados al racionalismo y  el empirismo pero haciendo muchísimo más énfasis en el segundo:

 El fundamento de sus indagaciones era la suposición de que en el mundo material rigen el orden y la ley universales. Los hechos no son una  mezcla caótica y fortuita de elementos separados; por el contrario parecen incorporarse a ciertas pautas y  presentar formas, regularidades y relaciones definidas. El orden es inmanente al universo, creía Newton, y no se les descubre mediante principios abstractos. Sino mediante la observación y la acumulación de datos.[2]

Como podrá observarse, estos principios newtonianos que asumieron los filósofos de la ilustración, son comunes al pensamiento científico hasta nuestros días.
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Montesquieu (1689-1755), quien estudió el pensamiento de Locke, tomó de este, la tesis del equilibrio de poderes:

Los hombres no son libres porque tengan derechos naturales o porque se rebelen cuando la opresión se haga intolerable;  son libres en la medida en que se distribuya  y  se organice el poder para impedir que se abuse de él, o al menos  para reducir este peligro al mínimo.  Se conserva mejor la libertad allí donde los grupos organizados o los sectores públicos se controlan mutuamente y controlan al gobierno, y donde las leyes establecen debidamente la posibilidad de hacerlo. [3]

Planteamiento fundante de los sistemas modernos de democracia representativa. Estas ideas fueron muy populares en Europa en el siglo XIX y posteriormente, sirvieron de inspiración y de referencia teórica para el pensamiento emancipador de América. Montesquieu también realizó una clasificación de los posibles tipos de Estado: la República Democrática que puede corromperse y transformarse en una Aristocracia. Una República Democrática  es, de acuerdo a este  autor; pequeña, igualitaria y homogénea, y la solidaridad, constituye su rasgo  más característico; la Monarquía, donde curiosamente, para este pensador, se presentan mayores posibilidades de libertad política puesto que la compleja estratificación social frena y limita el poder del monarca y a la vez, los distintos grupos sociales  se controlan entre sí; El Despotismo, cuando todos los órdenes de la sociedad se debilitan no pudiendo presentar ninguna resistencia organizada al déspota. “Si la virtud es la base de la participación en  la República, y el honor lo es en la monarquía, el temor  es la base de la sumisión al déspota.”[4] Estas afirmaciones lo acercan al planteamiento de Aristóteles.
Las ideas de la ilustración se hicieron muy populares en Europa durante el siglo XVIII llegando a ser aceptadas por varios monarcas dando nacimiento a lo que algunos historiadores denominaron el Despotismo Ilustrado, incluyendo en este grupo a Federico II (1712-1786), Rey de Prusia, Catalina II la Grande (1729-1796), Emperatriz de Rusia, José II (1741-1790), Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico de Austria  y Carlos III (1716-1788), Rey de las dos Sicilias y de  España. Pero cuando este pensamiento se expresó como inspirador de los revolucionarios franceses y fue decapitada la familia real francesa en la “Plaza de la Revolución” de París en 1793 (Luis XVI, su esposa María Antonia y sus hijos), el pensamiento de la ilustración se convirtió en una amenaza para las monarquías europeas, prohibiéndose su lectura y persiguiéndose a escritores, lectores y distribuidores de esta literatura. Es así, en respuesta a esta Concepción  negativa (en tanto crítica, cuestionadora y revolucionaria, y a la revolución burguesa como socio política real), que nace el pensamiento positivo. El positivismo.


[1]ZEITLIN, Irving: Ideología y Teoría Sociológica. Página 15
[2]Ídem.
[3]Ibíd. Pág. 24
[4]Ibíd. Pág. 29

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