Concepción del Estado en los positivistas latinoamericanos y venezolanos



Concepción del Estado en los positivistas latinoamericanos y venezolanos.
   
 
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Concepción del Estado en los positivistas latinoamericanos.

América Latina recibe la influencia del pensamiento positivista a partir de la segunda mitad del siglo XIX, esto a través de representantes de las clases dominantes y de la clase media acomoda de estos países que habían tenido contacto con Francia, Inglaterra, Alemania, principalmente.  Asimismo por algunos migrantes europeos que por alguna razón vinieron a vivir a estos países como es el caso de Adolfo Ernst (1832-1899) quien nació en Primkenau (Silesia, reino de Prusia, actualmente parte de Polonia) en 1832, realizó estudios universitarios en Berlín, llegó a conocer a Alejandro Humboldt, y migró a Venezuela  en 1861, siendo considerado como uno de los iniciadores del positivismo en este país, junto al venezolano Rafael Villavicencio (1838-1920). Lisandro Alvarado, José Gil Fortoul  (1861-1943) y Pedro Manuel Arcaya se encuentran entre los discípulos de estos dos brillantes intelectuales.

El pensamiento positivista latinoamericano plantea una serie de ideas que se pueden resumir de la siguiente forma:
  1. La importancia de alcanzar el progreso para las naciones latinoamericanas. Esto implica el desarrollo de la industria y las ciencias.
  2. El papel que debe jugar la educación para poder alcanzar la finalidad del progreso, cambiando la mentalidad negativa del criollo americano, así como del indígena y el afro descendiente.
  3. El desarrollo de vías de comunicación y de los medios de transporte con el fin de fortalecer el mercado y unir  a la nación.
  4. Imitación de los EEUU.  Sarmiento llegó a proponer la creación de los Estados Unidos de Sur América. Algo parecido plantea el otro argentino Juan Bautista Alberdi.
  5. Observan demasiada debilidad en las sociedades latinoamericanas, lo cual explican por la calidad de las “razas” que las componen, como por el modelo de colonización español.
  6. Algunos proponen la deslatinización de nuestros países y proponen la sajonización.
  7. Proponen la creación de instituciones fuertes que sean capaces de conducir a las naciones por la vía del orden y el progreso.
  8. La senda para el cambio que proponen para las repúblicas latinoamericanas es el positivismo (desarrollo del pensamiento científico y de la industria), y para implantarlo, proponen la educación y la inmigración europea.
  9. En general proponen:
    1. El paso del orden teológico al orden positivo.
    2. El paso del militarismo al industrialismo.
    3. Formar una burguesía que haga por estas  naciones lo que sus modelos han hecho en Europa y Estados Unidos.

Los positivistas en México apoyaron y sustentaron teóricamente   la “Tiranía Honrada” de Porfirio Díaz (1830-1915); en Chile se ponen del lado de quienes  se plantean vencer la “larga noche de la colonia”, creando una oligarquía “ilustrada”; en Uruguay plantean la “moral pragmática” que conduciría a la nación por el “camino ejemplar”; en Argentina se forma una oligarquía de ideas liberales y positivistas que promueve la inmigración europea. En Venezuela, justifican la existencia de gobiernos despóticos que impusieran el orden necesario para alcanzar el progreso, dada la naturaleza “atrasada” de la  población (la teoría del gendarme necesario).



Hay que destacar que no hay  una copia al calco del pensamiento positivo europeo en América Latina, por el contrario, se observan matices, adecuaciones y combinaciones con el evolucionismo de Lamarck, Darwin, Spencer  y hasta con el marxismo. La mayoría de los argentinos repudia totalmente el mestizaje (entre europeos, indios y africanos), mientras que la mayoría de los mexicanos ve en el mestizaje  la esperanza para salir adelante. Eso sí, la inmensa mayoría de los representantes del positivismo latinoamericano considera al indio y al africano como “razas inferiores” y a los europeos como “razas superiores”, encontrando en la inmigración desde estos países, la solución para entrar en la civilización, para entrar en la era positiva, a través de la ciencia, la educación, la industria y el comercio.  

Comparten la visión del laissez-faire, laissez-passer de los fisiócratas, conceptualizando la función del Estado a las reducidas tareas de defender y proteger la vida de los ciudadanos y la propiedad privada, especialmente la industria y el comercio;  cobrar impuestos para que  con estos se puedan cubrir los gastos de la guerra y la defensa nacional, los servicios públicos, fundamentalmente. 

Partían de la idea de que los individuos estaban mejor capacitados para producir y administrar las riquezas y que  estas actividades económicas desarrolladas por los individuos terminaban por beneficiar a toda la sociedad producto precisamente de los bienes que producían y ponían a la disposición de todos a través del comercio; los conocimiento científicos que permitían hacer surgir, la formación del carácter y disciplina en los miembros de la sociedad, etc.,  los cuales constituyen elementos fundamentales del progreso y a su vez, de la estabilidad social y política.

De inmediato se pasará a revisar directamente el pensamiento de algunos autores que representan el positivismo en América Latina. Sólo se presentarán los necesarios para apoyar las afirmaciones anteriores

Resultado de imagen para Javier Prado y Ugarteche (1871-1921)Javier Prado y Ugarteche (1871-1921), filósofo peruano. Nació en Lima,  capital de Perú, hijo y hermano de presidentes de esa nación: Mariano Ignacio Prado y  Manuel Prado y Ugarteche, respectivamente. Se graduó de abogado en la universidad de su ciudad natal y pronto pasa a ser  profesor de Historia de la Filosofía Moderna y de Derecho Romano en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Publicó libros y artículos para periódicos y revistas de su país y del extranjero, entre los libros publicados pueden mencionarse: “Método Positivo en el Derecho Penal” (1890), “Evolución de la Idea Filosófica en la Historia” (1891) y “El Estado Social del Perú Durante la Dominación Española” (1894)”. Se comentará parte de lo que el autor escribe en el último de los libros aludidos.

Comienza Prado, alabando la Constitución de las Cortes de Cádiz, de 1812:

Vinieron por fin, las célebres Cortes de Cádiz, que dictaron la constitución de 1812. Respeto, gloria inmortal defenderá, siempre, la memoria de sus legisladores. …No  es posible dejar de admirar aquella famosa Constitución que,  ... ha demostrado hasta la evidencia, que no puede haber libertad ni seguridad y, por lo mismo justicia ni prosperidad  en un   Estado, en donde el ejercicio de toda autoridad esté reunido en una sola mano., hizo residir la soberanía en la nación (art.3), separó el ejercicio de los poderes  públicos, limitó la autoridad del Rey (art. 172),que estaba obligado a jurar la Constitución (art. 173), declaró que la nación española era la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios(art. 1) . . .[1]


Aquí se nota la coincidencia entre los positivistas y los pensadores de la ilustración e incluso de John Locke, es decir del pensamiento moderno burgués acerca del  Estado. Aquí está el concepto de representación y soberanía ciudadana muy bien  asociados a los valores triunfantes de la burguesía y la modernidad. Al Estado le corresponde entonces: “. . . conservar y proteger por leyes sabias y justas la libertad civil, la propiedad y los demás derechos de todos los individuos. . .”[2]

Pero la democracia, tal cual la estima Prado, exige una población “educada”, “laboriosa”, “honrada”, “prudente” y “sumisa”, mientras por otro lado se requiere de un Estado “severo” que mantenga contenida las “ambiciones”:

Fundándose en la soberanía nacional, manifestada por el voto popular, en un sistema electivo, exige, en primer lugar, la existencia de una nación, que en todas sus clases tenga conciencia de sus deberes políticos y  sociales, y sepa cumplirlos; estableciendo el principio de las mayorías, es preciso que estas sean ilustradas y patrióticas, laboriosas  y benéficas, y no que representando los instintos de masas inconscientes, ahoguen por medio del mayor número de elementos nocivos la voz de la honradez y de la inteligencia; proclamando la igualdad y la libertad en todas sus manifestaciones, demanda el régimen republicano , elevada conciencia moral, carácter severo, juicio prudente para no convertir la igualdad en ambición  loca e insaciable, ni la libertad en desenfreno de pasiones desencadenadas que arrastren los fundamentos de la libertad y de todo orden social:[3]


Esto obliga, desde la perspectiva de Prado, a que el  principio de autoridad haga respetar los derechos de los demás, y que las instituciones públicas como expresión de la división de los  poderes públicos sean dirigidas por individuos de “condición superior” y que lo hagan de una manera armónica, atendiendo a las preceptivas de la legislación y de la moral.


Prado encuentra en el asunto racial, el principal obstáculo para alcanzar el progreso de la nación peruana.

. . . la influencia perniciosa que las razas inferiores han ejercido en el Perú con su cruzamiento con la española; habiendo impedido, por otra parte, la división profunda, establecida en la época colonial, entre los blancos, los negros y los indios que se unifiquen los sentimientos nacionales, los intereses de la patria.[4]


Esta es una de las constantes conceptuales de los positivistas latinoamericanos. La inferioridad de los “negros” e “indios” y el nocivo “estilo” de colonización española. En el caso de Prado, enumera brevemente la parte negativa que según él, presenta cada componente “racial”:

La raza india no la considera como suya[5] ; la negra no se preocupa de su suerte; quedaba sólo sobre los antiguos criollos, sobre los engreídos hijos de los españoles, ignorantes de la escuela de gobierno y de la vida práctica; abrumados al contrario, por la carga de la fatal herencia, de tradición secular, completamente contraria a las instituciones republicanas; todo el peso de la nueva nación, de su régimen, de su honra y de su progreso[6]


El autor no se detiene a revisar las posibles causas de esas “conductas”, las hace aparecer como naturales, genéticas. Aquí no se nota el más  mínima esfuerzo de análisis crítico, ni siquiera compara los comportamientos de estos seres humanos en otros contextos socioculturales, ni se revisa la historia ni las condiciones  de  vida de los “indios y negros”.

Siendo coherente con su razonamiento, Prado cree encontrar la solución en la inmigración europea:

Los males han sido y son muy graves, pero hay remedios para combatirlos. Proviniendo aquellos, en primer lugar, de la influencia de la raza, es preciso modificar esta, renovar nuestra sangre y nuestra herencia por el cruzamiento con otras razas que proporcione nuevos elementos y substancias benéficas. . . . Es preciso aumentar  el número de nuestra población, y lo que es más, cambiar su condición, en sentido ventajoso a la causa del progreso. En América, gobernar es poblar y la población debe buscarse en  la inmigración espontánea, atraída por la acción de las leyes, del gobierno y de los particulares, de razas superiores,  fuertes,  vigorosas, que al cruzarse con la nuestra, traigan ideas prácticas, de libertad, de trabajo y de industria.[7]


Prado usa la expresión “inmigración espontánea”,  pero de las “razas superiores” (europeos). Es una espontaneidad muy particular, sólo europeos. Y de inmediato pasa a afirmar que debe negarse la inmigración de las “razas inferiores” que pondrían en riesgo el porvenir de Perú.  La laboriosidad, la inteligencia práctica, el sentido de libertad,  están determinadas casi  que  por la genética, por la herencia. No lo expresa directamente pero al afirmar que sólo los europeos pueden hacer ese aporte que es esencialmente cultural, está otorgándole a  estos rasgos, una condición casi  biológica. Sin embargo, estima la importancia de la educación:

Sí, es preciso, en primer lugar, educar, y educar mediante el trabajo, la industria “que es el gran medio de moralización”. No hay nada que eleve más el carácter del hombre actual, que lo haga más respetuoso de las leyes y del orden social, que lo haga  interesarse más íntimamente, por el porvenir del país, que lo haga ser más práctico y prudente, que la riqueza adquirida por medio de esfuerzo personal.[8]


Se observa una visión pragmática de la educación, asumida como instrumento “civilizador”. Es decir modernizante, asociada por supuesto al desarrollo de la industria y de las ciencias. El modelo de sociedad lo constituye la modernidad europea, bajo la hegemonía de la burguesía.  El carácter conservador del pensamiento positivo hace pasar por “ciencia objetiva”, toda una construcción ideológica justificadora de un proyecto  evidentemente clasista.

Resultado de imagen para juan bautista alberdi imagenesEn este trabajo es obligatorio  revisar a Juan Bautista Alberdi (1810-1884), uno de los pensadores positivistas más importantes del continente. Nació en la provincia de Tucumán, Argentina. Salvador de Alberdi, su padre,  de origen Vasco, fue un próspero comerciante, y su mamá, Josefa de Aráoz y Valderrama, quien falleció a los cinco meses después de haber nacido juan Bautista,  pertenecía a una de las familias económicamente más importantes de la región.

 Abogado, escritor, filósofo,  escribió libros significativos para la sociedad argentina como “Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho” (1837), “Bases y Puntos de Partida Para la Organización Política de la República Argentina” (1852), considerado por algunos autores como su obra más importante, “Estudios Sobre la Constitución Argentina de 1853 y “Elementos de Derecho Público Provincial”  (1853), “Condiciones de la Unión Definitiva de la República Argentina” (1861), “La República Argentina Consolidada en 1880 con la Ciudad de Buenos Aires Como Capital” (1881), entre otros. Su obra intelectual ha sido recogida en varios volúmenes que acopian, además de sus libros, cartas, artículos de revistas y diarios, discursos y  conferencias.

Se puede resumir el pensamiento de este argentino positivista a través de las siguientes afirmaciones:

En América Latina se puede observar una inadecuación de las formulaciones constitucionales y las especificidades nacionales. Este divorcio es producto de la ignorancia de los dirigentes políticos. Lograr la autoconsciencia de la comunidad es la condición primera para llegar a la nacionalidad.[9]

Al igual que Platón, Aristóteles, Montesquieu, entre otros, cree en  la existencia de un derecho natural universal, anterior al positivo.

La popularidad es un signo irrefutable de legitimidad de los gobiernos. Sin embargo, asegura que la participación política de las masas debe ser regulada para evitar caer en  la anarquía. Además  sostiene que la legitimidad esta soportada en los valores naturales de la libertad,  la justicia y la propiedad.

La soberanía del pueblo  debe estar condicionada a la cultura, la inteligencia y la educación. Con esta afirmación se limita la soberanía popular, justificando una democracia de élites.

Las naciones latinoamericanas, “atrasadas” como estaban, no podían adoptar el sistema representativo de gobierno propio de los países europeos y EEUU, hasta tanto no hubiese convertido a sus respectivos pueblos ignorantes, en ciudadanos cultos, racionales, conscientes y respetuosos de sus derechos y deberes. Era partidario de restringir el poder del sufragio universal

Los “Padres de la Patria” conquistaron la independencia material y a las nuevas generaciones le  correspondía lograr la independencia mental. El desarrollo del pensamiento asociado al desarrollo de las ciencias, la industria, el comercio, fundamentalmente,  abandonando el pensamiento del  guerrero y del catolicismo.

La iglesia no podía formar a los nuevos hombres que requerían las nuevas naciones: ingenieros, científicos, comerciantes, industriosos, diplomáticos, entre otros.

Los países latinoamericanos son países de instituciones débiles, sin historia y con una mala educación.

En América Latina se libra una lucha  entre la civilización y la barbarie. Este concepto se presenta en la obra de importantes escritores de la región como  los argentinos Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), Ricardo Güiraldes (1886-1927), , el colombiano José Eustaquio Rivera (1888-1928), los venezolanos Rufino Blanco Fombona (1874-1944),  Rómulo Gallegos (1884-1969), José Rafael Pocaterra (1889-1955), y muchos otros representantes del modernismo e incluso del tradicionalismo del siglo XIX. Para Alberdi, todo lo que no es europeo, es la barbarie.

Se  debe lograr la modernización de las repúblicas latinoamericanas de afuera hacia adentro, es decir, a través de la inmigración (trasplante inmigratorio). Preferiblemente, noreuropea.

La inmigración otorga, desde la perspectiva de Alberdi, una doble ventaja: modifica el sustrato poblacional y sirve para difundir materialmente la cultura moderna.

Para Alberdi, la educación, modela la voluntad y  forma el carácter. Se educa más a través de la imitación que de las explicaciones teóricas. La laboriosidad se aprende imitando a los hombres laboriosos que migren hacia los países  del hemisferio. No era a través de barcos llenos de libros que se educaría a la población, sino a través del trabajo y la imitación de los  inmigrantes en su laboriosidad.

Pretendió fundar una  filosofía latinoamericana copiando los principios y fundamentos de la filosofía positiva europea. Sería una especie de filosofía del progreso.

Las constituciones y las leyes deben ser reflejo o traducción de las circunstancias sociopolíticas de las repúblicas. En otras palabras: “ni el hombre ni el pueblo eligen discrecionalmente su constitución . . . provienen de condicionamientos establecidos en las disposiciones del suelo, de la población, de las instituciones anteriores y de los hechos que constituyen su historia ”[10]

Como  forma de gobierno formuló la monarquía constitucional que era una especie de gobierno culto centralizado y fuerte que asumiera las tareas que condujeran a los países atrasados al progreso.  Cuestionaba la debilidad, según él, de los regímenes de gobierno federalistas que se habían adoptado en América Latina.

Considera a la economía como el motor de la historia. Unir y centralizar a la República Argentina no depende de las leyes sino del desarrollo de carreteras y caminos,  ferrocarriles, vías fluviales navegables, industrias, comercio, el crecimiento de la población y la ocupación del territorio. Para eso el Estado debe garantizar la paz, exigir contribuciones moderadas y administrar la justicia.

Las libertades económicas debían funcionar a plenitud mientras que las libertades políticas debían estar limitadas a una elite, mientras la educación produjera el cambio que hiciera de los individuos ignorantes, sujetos políticos cabales.

En el proyecto modernizante de Alberdi, no entran  los indígenas, los  negros ni la herencia católica española. Representan lo atrasado.

Alberdi vio con buenos ojos el despojo del cual fue objeto México, por parte de EEUU en 1848, dado que esto constituía la posibilidad de progreso para los habitantes de ese territorio.

La estructura de las sociedades se asemeja a los organismos naturales. En esto, Alberdi, sigue el pensamiento del teórico social inglés, Herbert Spencer (1820-1903).

Consideraba que las condiciones geográficas de Sudamérica exponían permanentemente a sus habitantes a correr el riesgo de no ver con claridad, la necesidad de la laboriosidad como vía para crear riquezas, dada la extraordinaria feracidad de sus suelos y lo favorable de sus climas.

Según Alberdi, los requisitos para formar un  país moderno eran:
1.    Gobierno estable.
2.    Población.
3.    Riqueza.
4.    Seguridad. De estos cuatro elementos se derivan:
·         La paz.
·         El progreso
·         La civilización.

En el debate que se generó en su tiempo en torno a la conveniencia de un gobierno central o federativo, propuso un sistema mixto. La República formada por varias provincias independientes pero subordinadas al gobierno central. Asimismo y en esta misma dirección, propuso un poder legislativo de dos cámaras, una para los representantes de las provincias y otra para la nación.

En la última etapa de su vida pasó a defender un liberalismo doctrinario y radical que fue recogido en el discurso “La Omnipotencia del Estado es la Negación de la Libertad Individual”,  pronunciado en el acto de graduación de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, de la Universidad de Buenos Aires, el 24 de mayo de 1880. En ese acto fue nombrado Miembro Honorario de esa Facultad. Este ensayo fue reproducido de sus “Obras Selectas.”En este discurso, Alberdi, revisa lo que él denomina las raíces de la tiranía, partiendo  de la noción greco-romana del Estado hasta llegar al Estado Moderno, haciendo énfasis en la necesidad de  limitar las funciones del Estado como pre requisito indispensable para el progreso de la nación, coincidiendo plenamente con la tesis de Adam Smith.  Abandona su concepción de la necesidad del Estado fuerte y los gobiernos centralizados.

Pensamiento positivista en Venezuela y su concepción del Estado.

Resultado de imagen para rafael villavicencioA partir de estas líneas se hará  revisión de algunos autores positivistas venezolanos. Se comenzará con Rafael Villavicencio (1838-1920), quien   al lado de  Adolfo Ernst (1832-1899),  fue uno de los iniciadores  y difusores del positivismo en Venezuela. Rafael Villavicencio, médico, naturalista y político venezolano, nació en Caracas. Doctor en Medicina y Farmacia. En 1866 inició la difusión de las ideas de Auguste Comte, enfatizando la necesidad de adherirse a la doctrina positivista para ordenar y entender el país. También difundió los planteamientos de Herbert Spencer (1820-1903), Émile Littré (1801-1881) y otros pensadores positivistas. 

Llegó a desempeñar los cargos de ministro de Fomento (1870), ministro de Instrucción Pública (1897) y presidente del Congreso Nacional (1895).  Fue Rector de la Universidad Central de Venezuela en dos ocasiones (1895 y 1898), fue miembro de número de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia Nacional de Medicina. 

Se encuentran entre sus ensayos más destacados: La República de Venezuela Desde el Punto de Vista de la Geografía y topografía Médicas y de la Demografía (1880), Las Ciencias Naturales en Venezuela (1895), La Evolución Social y Política de Venezuela (1900) y Ciencias Contemporáneas (1914).

En el discurso pronunciado el 08-12-1886 en la Universidad, Villavicencio realiza un ejercicio para estimular el estudio del positivismo exaltando el papel de la industria en la sociedad. Hace una verdadera apología de la modernidad, el industrialismo, la ciencia positiva, el orden y el progreso.


Me esforzaré por demostraros que la civilización es tan favorable  a la religión y a la moral como lo es a las ciencias y a las artes; a la libertad como al orden; o lo que tanto vale,  que al paso que el hombre ilustra su entendimiento,  que se proporciona bienestar con las riquezas adquiridas por la  industria, que procura mantener el orden social, suaviza sus costumbres, depura su moral, y se hace verdaderamente libre. [11]


Villavicencio muestra una  fe absoluta en la modernidad (él la llama civilización), entrando armónicamente, desde esta perspectiva, la religión, la moral, las ciencias, las artes, la libertad, el orden, partiendo del bienestar que garantiza la industria,  actividad que además, contribuye con el mantenimiento del orden  mejorando la cultura (costumbres y moral de la población).

Considera a la libertad como la facultad de los individuos para resolver sus asuntos partiendo de sus conocimientos  y  experiencia. Pero esta libertad siempre estará comprendida dentro de las leyes naturales y jurídicas, las cuales debe conocer plenamente para tomar provecho a través de su uso. Así que lógicamente, la ignorancia y la inexperiencia coartan la libertad. Puede colegirse fácilmente que la libertad está directamente relacionada a la propiedad y a la riqueza:
El orden, la seguridad, la propiedad y la igualdad, efectos necesarios de la civilización, constituyen la libertad, y crecen con aquella prestándose mutuo y poderoso apoyo. Dondequiera que unos hombres pretenden oprimir a otros, hay desorden y causa de desórdenes;  donde nadie afecte pretensiones ilegítimas, hay reposo y certeza de orden, el despotismo es turbulento; la libertad pacífica. La seguridad es la libertad de disponer de nuestra persona; la propiedad la de disponer de nuestra fortuna; la igualdad la de elevarse cada cual en proporción a sus méritos. En consecuencia,  mientras más ilustrado y moral sea el hombre, y más respete el uso legítimo de las facultades de sus semejantes, será más librre. En una palabra, la medida de la libertad es la civilización.[12]


Los preceptos de la revolución burguesa defendidos por el positivismo pero despojados de su carga revolucionaria y por el contrario asumiendo el carácter conservador  que se requiere para el momento histórico que se vive. Aquí la industria y la ciencia se constituyen en potentísimas armas para combatir los discursos retrógrados, excesivamente conservadores y los revolucionarios. Las verdades de la ciencia  las presenta como eternas, universales e infalibles,  frente a las afirmaciones “arbitrarias”, “cambiantes e insostenibles” de la “metafisica”. Tal es la concepción de este destacado positivista venezolano. Y en el centro está el individuo y la propiedad privada como santuarios de la sociedad moderna.

Sostiene una concepción lineal de la historia de las sociedades:

La sociología ha demostrado con el carácter de certeza que distingue las nociones científicas, que toda época histórica es el resultado  de la época anterior, y que si retrógradamos en  el curso de los siglos hallaremos el estado primitivo de la humanidad, bien que la historia se detenga en los imperios de Egipto, de la India y de China. Ha probado, igualmente, que la humanidad pasa por transformaciones graduales del salvajismo a la vida nómada, a la de pueblos sedentarios que se sostienen por esclavos, al régimen feudal y la servidumbre, a los privilegios de las clases y corporaciones, a la preponderancia del poder central, y finalmente, a la libre concurrencia debida al régimen industrial. ¿Y quién no ve en esta marcha a la humanidad ascendiendo y mejorando en ciencias, artes, moral y libertad. [13]

Además del carácter lineal y etapista de la historia,  se puede observar en este párrafo, la versión evolucionista de los cambios en la sociedad (gradualismo), evidenciando su desacuerdo (de manera implícita) con el  pensamiento y prácticas revolucionarias, y la fe casi ingenua en el capitalismo (lo llama libre concurrencia), el industrialismo y toda la cultura de la modernidad, asumiendo a esta como destino indefectible de la humanidad.


En este mismo orden de ideas, el autor, en este discurso, expone su explicación acerca del paso del esclavo  al siervo hasta llegar al ciudadano, esto a través de la apropiación de los conocimientos que les posibilita  el  trabajo y del enfrentamiento y las insurreciones:  

No de otro modo es que el esclavo ha pasado de  su condición de siervo, y de esta, de siglo en siglo a la de vasallo súbdito y proletario, y se esfuerza por llegar a la de ciudadano, lo que principia a conseguirse en los países más adelantados.[14]


Y para Villavicencio, las ciencias positivas y el régimen industrial,como él le llama, son los responsables del trazado de esta ruta de progreso, donde triunfa la moral, la justicia y se alcanzan los máximos escalones de las realizaciones políticas de la civilización. 

Continúa el científico, su discurso, con  la defensa del régimen industrial de los ataques de que es objeto. Afirma, en ese sentido, que la industria es favorable al desarrollo de las ciencias, las artes, las buenas costumbres y perfecciona las relaciones humanas, contribuyendo  firmemente al logro de la paz en la socidad.

Desde el momento que se ha probado que todos los intereses  son armónicos,  el régimen de la libre concurrencia debe necesariamente conducir a la paz ; y si la guerra todavía comparte  con  aquella el  dominio del mundo, es porque no se han extinguido los privilegios; pero la sociología nos deja ver por el pasado, el porvenir, y a través de las nubes de humo y sangre que surgen  todavía de los campos de  batalla, divisamos la risueña aurora del hermoso día  de la paz . . .[15]


El optimismo de Villavicencio desconoce la realidad en la cual la feroz competencia entre capitalistas  (la “libre concurrencia”), arrastraba a una buena parte de la humanidad hacia guerras, experiencias de colonialismo donde se omitían los más mínimos derechos humanos y ciudadanos con la negación no sólo del derecho a ejercer la soberanía política de los pueblos, sino,  a la alimentación, la educación, la salud, por solo nombrar algunos aspectos fundamentales para los seres humanos.

Este convicción de Villavicencio es expresión del optimismo de una clase burguesa triunfante, que en siglos anteriores derrotó a la nobleza europea  y cuenta entre sus haberes todo un inventario de éxitos en el campo de las ciencias (importantes descubrimientos), la tecnología (grandes invenciones en el campo de la navegación, transporte, industria, energía, entre otros), la administración, la política y las artes. 

En la última etapa de su vida, Rafael Villavicencio realiza un cambio radical en su pensamiento, así el 29 de junio de 1911, contando con  73 años, leyó en la Academía Nacional de Medicina (la cual fue fundada en 1904 por otro eminente positivista: Luis María Francisco Nicolás de Jesús Razetti Martínez), un discurso completamente opuesto al anterior, haciendo serios cuestionamientos al caótico desenvolvimiento del progreso europeo,

Villavicencio, seguidor de las enseñanzas de la teosofía, se atrevió a proclamar que ante el derrumbe inminente de la moderna racionalidad occidental, no había otra salida para la humanidad que el retorno a la olvidada  gnosis mística de las tradiciones antiguas, desplazadas desde el medioevo por la dogmática anquilosada del cristianismo y, desde el siglo XVIII, por el ateísmo materialista de la ciencia.[16]

Este viraje antimoderno o al menos pesimista con respecto al rumbo de la humanidad guiada por la preceptiva del progreso, marcó a partir de esa época el pensamiento de Villavicencio. Esta misma visión pesimista antimoderna también ha sido compartida por otros intelectuales venezolanos como Manuel Díaz Rodríguez (1871-1927), José Rafael Guillent Pérez (1923-1989), José Manuel Briceño Guerrero (1929), Juan Liscano (1915-2001), entre los más conocidos.

Durante la mayor parte de su vida, Rafael Villavicencio defendió las tésis del positivismo que es decir, las tésis de la modernidad, el industrialismo, las ciencias, y en el caso más especifico de América Latina se asocian a la educación  y a la inmigración europea. El Estado, por supuesto, debía asumir estas tareas, generando, además,  la legislación  y las intituciones que le permitieran a la industria su pleno y libre desenvolvimiento.

Resultado de imagen para luis razetti frasesAhora se pasará a revisar a otro pensador positivista que no es conocido como historiador ni como político (aunque ejerció importantes funciones dentro de la salud y  la educación públicas), cuyos aportes fueron fundamentales en la modernización del sistema de salud en Venezuela: Luis María Francisco Nicolás de Jesús Razetti Martínez, conocido como Luis Razetti (1862-1932).

Luis Razetti, caraqueño, hijo de un migrante italiano y una venezolana, graduado de médico antes de cumplir los 22 años en la Universidad Central de Venezuela, considerado, junto a Pablo Acosta Ortiz, como uno de los iniciadores de la cirugía moderna. Realizó en París un postgrado en cirugía y obstetricia (1890-1893). Fundador de la Sociedad de Médicos Cirujanos de Caracas (1893), el Colegio de Médicos de Venezuela (1902), la Academia  Nacional de Medicina (1904), el Congreso Venezolano  de Medicina (1911) y del Institutto Anatómico (1911), fundador de la primera clínica privada de Venezuela, en Caracas (conocida hoy en día como Policlínica Luis Razetti, proyectada y construida por su hermano el ing. Ricardo Razetti). Ejerció las fuciones  de vice rector y rector de la U.C.V. Fue  senador por el estado Zulia. Se convirtió, de manera autodidacta,  en uno de los primeros médicos higienistas de Venezuela. En 1924 estuvo casi un año exiliado por denunciar la excesiva mortalidad infantil en el país. En 1904 sostuvo una polémica pública con el también médico y científico, José Gregorio Hernández, acerca de la doctrina de la ascendencia y el origen de la vida. Desde 1982, sus restos se encuentran  en el Panteón Nacional.

El 12 de febrero de 1909 pronunció un discurso en la Academia Nacional de la Medicina con motivo de la celebración de los cien años del nacimiento de Charles Darwin (1809-1882)[17].Ahí planteó que

Darwin destruyó el principio de la inmutabilidad de las especies, y Spencer, el más grande de los pensadores modernos, dilató la evolución orgánica hasta los dominios de la filosofía y creo una nueva y grandiosa ciencia del espíritu humano.[18]

El positivismo  de Razetti es darwinista y spenceriano como en la mayoría de los positvistas latinoamericanos. Aunque el británico Herber Spencer (1820-1903),  conoció la teoría darwinista, fue muy influenciado por la teoría de Jean Baptiste Lamarck (1744-1829).  Spencer escribió en 1884 un ensayo llamado “El Individuo contra el Estado” que puede ser considerado como una pieza representativa del más puro liberalismo, donde la libre competencia como expresión de la ley del más fuerte o el más apto, se convierte en la máxima del desarrollo o  evolución de las sociedades. Los principios de la selección natural aplicados a la sociedad, fundamentan en el individuo y su lucha por la supervivencia, la clave natural del progreso. Este concepto justifica toda la acción de empresas, gobiernos en contra de contingentes humanos y naciones, en nombre del progreso,la civilización y la verdad.
Razetti ajusta cuentas con la religión, en nombre de la ciencia y el progreso:

La religión y la ciencia tienen sus límites, cada una de ellas debe girar en su esfera. Pero como no es la religión sino la ciencia la dueña y señora de los destinos humanos, porque no es la religión sino la ciencia la encargada de dirigir el progreso, cada vez que la religión pone un obstáculo a la obra del progreso, la ciencia en nombre de los derechos humanos, está en el deber  de oponerse a la acción retrógrada de la religión.[19]

Precisamente, el insigne médico, considera que Charles Darwin[20] cumplió con el deber de echar por tierra las ideas creacionistas que  defendía la religión judeo cristiana. Afirma creer en la verdad de la ciencia y el progreso como únicos factores de la civilización. 



Resultado de imagen para José Gil Fortoul (1861-1943)De la misma manera, José Gil Fortoul (1861-1943), abogado, escritor, sociólogo, historiador, político y Diplomático, nacido en la  ciudad de El Tocuyo,  ocupó importantes responsabilidades en distintos gobiernos venezolanos desde 1886. Cumplió funciones diplomáticas en representación de Venezula en más de 10 paises del mundo, fue presidente de senado venezolano, presidente del Consejo de Gobierno, Ministro de Intrucción Pública y hasta Presidente de Venezuela (05-08-1913 a 19-04-1914). Miembro de la Academia Nacional de la Historia, de la Academia Venezolana de Ciencias Políticas y Sociales  y fundador del Instituto Internacional de Sociología de Francia. Ejerció la dirección del ”Nuevo Diario”. Escribió los siguientes libros: “Filosofía Constitucional”, “El Humo de mi Pipa”, “El Hombre y la Historia”,  “De Hoy Para Mañana”,  “Sinfonía Inacabada y Otras Variaciones”,  “Historia Constitucional de Venezuela” (la más conocida de sus obras, publicada en Alemania en 1909)  y “Páginas de Ayer”, entre otros.

En su libro “Filosofía Constitucional” expone su visión de la sociedad y la historia, plenamente coincidente con el pensmiento positivista latinoamericano. Aquí sólo se hará referencia al darwinismo que Gil Fortoul muestra en este escrito. 

Lo más significativo, desde la perspectiva  de los objetivos  de este trabajo se puede resumir afirmando que  el autor ataca al pensamiento teológico y al racionalismo dado que ninguno de los dos puede explicar el origen de las instituciones  de la sociedad ni de  la sociedad misma ni de la naturaleza. La manera de alcanzar este conocimiento consiste en la observación propia de las ciencias. La evolución, la selección natural y la competencia resultan conceptos caros para la explicación  de Gil Fortoul quien enfatiza que la evolución no presenta saltos, siendo los cambios graduales, la única forma de presentarse el recorrido evoutivo de la naturaleza y las sociedades.

El individuo y el individualismo son, en la sociedad humana, el elemento iniciador de la adaptación y la supervivencia. La asociación sólo es circunstancial y momentánea. Este concepto, ya desde antes de Locke, viene sirviendo de soporte ideológico a la rapiña de la libre competencia.

Sin embargo, afirma que las relaciones entre los individuos, constituyen el origen de las leyes y de las instituciones y que la sociedad,en su devenir desde los estadios primitivos se van elevando a la categoría de Estado:

El desarrollo de los Estados se verifica en plena civiliación cuando se han constituido las nacionalidades, esas grandes armonías de los intereses humanos, análogas en la sociología a lo que son las razas en la antropología.  En el rebaño domina la necesidad del momento; en la tribu se fija el lazo de parentesco; el Estado se constituye por la unidad del territorio y  la analogía de instituciones; la nacionalidad se caracteriza por la comunidad de historia y la armonía de tendencias intelectuales y morales.[21]


El historiador  parece olvidar que cuando se da el inicio del proceso  de unificación de las naciones, las élites hegémonicas obligan a la unificación político territorial a otros grupos, a través de cruentas  guerras y maniobras políticas. Lo importante, entonces, no era la historia común, ni la lengua ni la cultura (como se verá más adelante cuando se estudie al historiador marxista Eric Hobsbawm). Lo fundamental era la presencia de un gobierno centralizado sobre un territorio y la lealtad al Estado estaba por encima de otras lealtades (individuales, culturales religiosas o de otro tipo).

Como otros positivistas, también considera que el Estado se crea para garantizar a los individuos el goce de sus derechos imprescriptibles. Aún así, es enfático al afirmar que la historia y la etnografía demuestran  que las bases de todo gobierno la constituyen la necesidad y la fuerza. Nótese cierto parecido a Maquiavelo.

El largo camino evolutivo lleva a la humanidad desde lo simple a lo complejo, desde las ordas primitivas al Estado Constitucional, con una compleja división de poderes especializados: legislativo, judicial y ejecutivo. 

Las funciones sociales empiezan a especializarse cuando la vida en conjunto se complica de tal suerte que todos los individuos no  pueden dedicarse al propio tiempo a la misma actividad y cuando los progresos de la ciencia, el arte y la industria fundan la libertad del trabajo y la relativa independencia de las corporaciones. En este estado el gobierno no puede ser unipersonal, tanto por la imposibilidad material de que una sola persona aprecie y resuelva todos los problemas referentes a los intereses públicos, como porque  la civilización política consiste en someter la acción del gobierno a la resultante de los intereses y voluntades individuales.[22]


Aquí puede apreciarse una suerte de acercamiento al pensamiento de Marx. No hace uso de las categorías de fuerzas productivas, relaciones de producción, infraestructura y superestructura pero de alguna manera parece referirse a estos conceptos  cuando afirma que los progresos de la industria, la ciencia y el arte propician una mayor especiaización (Marx dice que el desarrollo de las fuerzas  productivas genera sus propias relaciones de producción, entrando aquí, la división del trabajo, lo que Gil Fortoul denomina especialización). 

Afirmando de seguido que ese progreso (industria, ciencia, artes) fundan la relativa independencia de las corporaciones. Marx, habla acerca de que la infraestructura sirve de base de apoyo a la superestructura. Hay que repetirlo, no se trata de discursos idénticos, simplemente se trata de una aproximación conceptual. Engels, en más de una ocasión refirió que los enemigos de Marx, ponían tanto empeño   en invisibilizar a Marx como en plagiarlo. 

En párrafos anteriores se afirmó que el positivismo latinoamericano tenía sus variantes y combinaciones, esta es una de ellas. Ramón J. Velásquez afirma que el positivismo de Gil Fortoul está mezclado con marxismo.  Pero hay que seguir leyendo a este autor, desarrollando sus conceptos respecto al Estado, en este caso, la división de poderes:


Cada función gubernamental es designada entonces a los que mejor puedan ejercerla. La función legislativa se encuentra en una o varias corporaciones, la función ejecutiva en uno o varios individuos y la función  judicial en tribunales creados con el solo fin de ejercerla. Cuando los  ciudadanos han llegado a la plenitud de sus derechos  en sus relaciones con el estado y el gobierno, formas políticas de la sociedad, las tres funciones políticas se especializan aún más  y nacen directamente de la función madre: la función electoral.[23]


Esto de “los mejores”, es una de las constantes del discurso positivista latinoamericano que justificó la presencia de gobiernos oligárquicos y autoritarios en estos países. Porfirio Díaz gobernó fraudulentamente durante 32 años a  México apoyado en  una casta de terratenientes, industriales, intelectuales (entre los que se encontraba el destacado positivista Justo Sierra, 1848-1912, fundador de la actual Universidad Nacional Autónoma de México), y científicos, es decir, de una oligarquía ilustrada.

 Otro tanto ocurrió en Venezuela, Juan Vicente Gómez ejerció una dictadura liberal durante 27 años y se apoyó de un cuerpo calificado  de intelectuales, entre los que se encontraban los positivistas, Gil Fortoul, Vallenilla Lanz, José Luis Andara (1868-1923),  Ángel César Rivas (1873-1930), Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), Santiago Key Ayala (1870-1960), Pedro Manuel Morentes (Pío Gil) (1863-1918), César Zumeta (1863-1955), quienes apoyaron  en distintas medidas la tesis del gendarme necesario.

Puede comentarse además, la coincidencia  con el pensamiento liberal de Locke, Montesquieu, entre otros. El Estado Nacional Moderno, se apoya en el concepto de legitimidad que viene dado por la representatividad.  Se supone que el Estado representa los intereses de toda la sociedad y que el  pueblo, de manera soberana, ejerce el poder a través de sus representantes en el Estado, de ahí, la valiosísima importancia que tiene la función electoral. Bolívar propuso en la redacción de la Constitución de Bolivia (1825), la creación del Poder electoral, además del ejecutivo, judicial y legislativo.

Uno de los pensadores positivistas venezolanos que goza de mayores reconocimientos es Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936). A sus ideas se hará referencia en las siguientes líneas.

Resultado de imagen para caricatura de laureano vallenilla lanzLaureano Vallenilla Lanz nació en Barcelona, capital del estado Barcelona para ese  entonces, un 11 de octubre de 1870, descendiente por línea materna y paterna de importantes figuras de la política venezolana.  Los Vallenilla (originarios de Castilla, España) habían llegado a Venezuela, la segunda mitad del siglo XVII,  su padre, José Vallenilla Cova, era un médico simpatizante de los liberales. Su mamá, Josefa María Lanz Morales, era hija  del licenciado José Prudencio Lanz quien había cumplido funciones como ministro de Justicia de Colombia (Gran Colombia).

Estudia derecho en la U. C. V. pero la artritis que  lo aquejó una buena  parte de su vida, lo obliga a abandonar la carrera en 1888 (había comenzado en 1886). Escribió en distintos diarios como “La Nueva Era”, “El Universal”, La Revolución” (editado en Barcelona), “El Imparcial”,  también de Barcelona, “El Ciudadano”, “El Pregonero”, “EL Corresponsal”, “El Patriota”, “EL Tiempo”, entre otros, así  como en  “El Cojo Ilustrado”, importante revista  vocera del modernismo positivista venezolano. Director del “Nuevo Diario” (1915-1931), periódico oficioso del Gomecismo, creado en  1913 para apoyar la reelección de Juan Vicente Gómez. Su primer director fue Diógenes Escalante.

Sus dos hermanos (Baltazar y Agustín) participaron de la invasión[24] que  el banquero-general Manuel Antonio Matos[25], encabezó entre 1902 y 1903 contra el gobierno de Cipriano Castro y caen prisioneros tras la rendición de Nicolás Rolando en  Ciudad Bolívar en julio de 1903 y son trasladados al Cuartel San Carlos de Maracaibo.  El mismo Laureano había pasado algunos días detenido en el Cuartel de Policía de Caracas (julio de 1902). La mediación del escritor Manuel Vicente Romero García (1861-1917), quien había formado parte del estado mayor de la invasión de Castro en 1899, logró su excarcelación.   

Vallenilla ataca públicamente a Matos en un artículo de “EL Pregonero” en 1904,   y Castro, en respuesta, libera a sus dos hermanos, y al autor del artículo le ofrece un cargo consular en Europa. Así, Laureano Vallenilla Lanz comienza su  carrera política, en Francia, donde comenzará a escribir “El Cesarismo Democrático” y “Disgregación e Integración”, publicados en 1919 y 1931 respectivamente. En Francia traba amistad con Pio Baroja, Benito Pérez Galdós,  Vicente Blanco Ibáñez, Eduardo Zamacois, Francisco Villaespesa y Miguel de Unamuno.    

Ocupa el cargo de Intendente de Instrucción Pública del Distrito Federal (1911); en 1912, es elegido Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia; en 1913, fue nombrado director del Archivo Nacional, cargo conseguido a través de su compadre José Gil Fortoul;  en 1916  es nombrado senador por el estado Apure;  en 1918 se incorpora a la Academia Nacional de la historia de la cual será su director en 1924;  presidente de la Cámara del Senado en 1920; en 1921 aparece su libro “Criticas de Sinceridad y Exactitud”;  nuevamente, funciones diplomáticas en 1931 (Francia y Suiza).  Muere de pulmonía en Francia en 1936.

Algunas ideas de este intelectual se pueden resumir en lo siguiente:

Antepone la sociedad al individuo. Con este  planteamiento se acerca a Hobbes y Saint- Simon y se aleja de Locke.

Asume la historia como un proceso evolutivo, rechazando las rupturas abruptas en la sociedad. Adapta así las teorías de Darwin como la mayoría de los positivistas, quienes, además se apoyan en Spencer. Aquí, el etapismo determinista es la guía para comprender y explicar los cambios graduales de las sociedades.

Pone de relieve la dicotomía entre una doctrina de pensamiento y su aplicación. Explica de esta forma que en los países de Hispanoamérica no se hayan puesto en práctica los principios políticos filosóficos que movieron a los fundadores de las repúblicas. 

Asume el concepto de que la modernidad genera los principios de la soberanía  popular y de democracia, cuya expresión, en términos de representatividad, es el Estado Nacional.   
El orden es el medio necesario para alcanzar la meta del progreso. Este principio teórico, propio y fundamental del positivismo mundial, justifica plenamente el respaldo inequívoco al gobierno autoritario de Juan Vicente Gómez. 

Se diferencia de la mayoría de los positivistas latinoamericanos al hacer referencia al concepto de “raza”. Para Vallenilla Lanz, la raza no se entiende desde el punto de vista estrictamente biológico. “el concepto de raza adquiere aquí una nueva dimensión: la de “raza social”, que se define por procesos a través de los cuales  un grupo logra establecer su propia idiosincrasia.”[26] Para el autor,  cuando  se dice “raza social”, se está haciendo referencia a psicología, mentalidad, cultura. Elementos estos que  entran dentro de los centros de interés de lo que se conoce como la historia de  larga duración. 

Para alcanzar  la transformación cualitativa de la sociedad venezolana, Vallenilla propone como elementos dinamizadores, a la inmigración y a la educación utilitaria. Estos elementos, como se ha reiterado párrafos antes, son constantes en el pensamiento positivista latinoamericano. Considera que en las sociedades modernas, los comerciantes, obreros, sobre todo especializados, industriales, son más necesarios que los médicos o abogados que no desempeñen su ocupación profundamente.

Critica el lenguaje de los políticos. Asegura que expresiones como “soberanía”, “pueblo”, “Constitucionalidad”, entre otros, no son más que mitología demagógica. No son más que fórmulas estériles trasplantadas desde Europa  que no cambian la realidad venezolana por sí mismas. Por el contrario, contribuyen a generar más confusión, frustración y desorden. No se puede enfrentar la realidad partiendo de principios abstractos. Propone reinterpretar la modernidad para reencontrar a los sujetos que conforman la sociedad. Para esto se debe comenzar por la historia.

Consideraba a la legislación del país, un “intrincado laberinto”, producto de la  sucesión vertiginosa de constituciones surgidas de las continuas “exaltaciones revolucionarias” que a su vez eran expresión de intereses sectarios y de empirismo político.

Aseguraba que no  son los principios teóricos los que mueven a las masas populares. Los principios motores pueden encontrarse en las fuerzas sociales que se ponen en juego. Las élites,  como actores colectivos, pueden orientar la direccionalidad de esas fuerzas sociales siempre y cuando puedan frenar las tendencias anarquizantes que en medio del proceso de cambios puedan destruir las estructuras sociales.

Para Vallenilla la verdadera investigación científica en historia comienza con el positivismo. Atribuye a los “resabios persistentes de viejas teorías  metafísicas”, las dificultades para  investigar, comprender y explicar los orígenes sociales  y políticos  de la  colectividad venezolana. Para esa “intelectualidad metafísica”, desde la perspectiva de Vallenilla, “Todo parece surgir en  nuestra historia como por arte de magia; y la tendencia del espíritu humano, que lo induce a solicitar en las vaguedades teológicas y  metafísicas la causa de los fenómenos cuya explicación no  se encuentra fácilmente…”[27]  y esto es resultado, a su vez,  desde la perspectiva positivista de Vallenilla, de la mezcolanza de razas y a la deficitaria  educación venezolana.

Vallenilla Lanz plantea que la creencia de que las instituciones públicas podían fabricar pueblos y que la conducta  y carácter de las sociedades se podían modificar, simplemente, partiendo de los dictámenes  de los documentos oficiales (constituciones y leyes), viene de los héroes de la independencia y estos, a su vez  la trajeron de los filósofos europeos de su época. Esta visión, según Lanz, dificulta encontrar el rumbo para salir de los problemas políticos  del  país. 

El autor de “Cesarismo Democrático” consideraba que la influencia de las instituciones sobre los pueblos, es nula si no se adaptan a la sociedad y sus costumbres.

Hasta aquí puede dejarse la enumeración que se viene haciendo para lograr una aproximación al pensamiento de Vallenilla Lanz con respecto al Estado Nacional. 

Las constantes del pensamiento positivista latinoamericano pueden observarse, aun con sus matices: el orden y el progreso como máximas de la sociedad y como tareas primordiales del Estado; el etapismo determinista  para  explicar los cambios  en la sociedad, los cuales se entienden de manera progresiva, sin saltos; la limpieza de la sangre a través de la inmigración de europeos (alemanes, franceses, italianos, portugueses, holandeses, entre los principales), evitando a los africanos, asiáticos, caribeños y latinoamericanos mestizos; el lavado de cerebro a través de una educación pragmática, científica  y técnica; en fin, se trata de un trazado modernizador que tiene en la ciencia, la industria, el comercio, los fundamentales ejes de realización y al Estado Nacional como al responsable principal para garantizar  el cumplimiento de estos fines. 

El Estado Nacional visto como ente central de la sociedad, neutro, representante de la soberanía de todos los ciudadanos quienes se verían beneficiados por su gestión.


[1]ZEA, Leopoldo: Pensamiento Positivista Latinoamericano. Tomo I. Página  327.
[2]Ídem.
[3] Ibíd. Página 329.
[4] Ibíd. Página 330.
[5]Se refiere a la nación. Los indios no consideran a Perú como su nación.
[6]Ídem.
[7]Ibíd. P. 334.
[8]Ibíd. P 335.
[9] Afirmaciones cercanas a este  concepto de Alberdi, sostiene el venezolano, Mario Briceño Iragorry (1897-1958),  en su libro “Mensaje Sin Destino”, publicado en 1950.
[10]ALBERDI, Juan Bautista: Política y Sociedad en Argentina. Página XXI. 2005.
[11]ZEA, Leopoldo: Ob. Cit. Página 396
[12]ZEA, Leopoldo: Ob. cit.  P. 397
[13]IBÍD, P. 401
[14]IBÍD.  P. 402
[15]IBÍD.  P- 404

[16]FERNANDEZ, Gustavo: La corriente Nocturna.  2005. Pág. 54
[17]Recogido en el libro Pensamiento Positivista Latinoamericano, compilación y prólogo de Leopoldo Zea.
[18]ZEA, Leopoldo: Ob. Cit. Página  518.
[19]IBÍD. P,  519.
[20]Darwin publicó su fundamental  libro “El Origen de las Especies” en noviembre de 1859 y de inmediato se convirtió en un acontecimiento trascendental en el campo de la ciencia occidental.
[21]IBÍD. P. 474
[22] IBÍD. P. 475
[23] IDEM.
[24]En 1902, Manuel Antonio Matos, dirigió una extraordinaria conspiración (la  conocida con el nombre de la Revolución Libertadora), contra el gobierno de Cipriano Castro. Meticulosamente empezó a fraguarla desde finales de 1900. En lo interior contó con el concurso de algunos líderes del Liberalismo Amarillo que se vieron desplazados y afectados por las políticas de Castro, y por sectores vinculados al “Mochismo” (Mocho Hernández), así como sectores vinculados al comercio y las finanzas, y en lo exterior pudo contar con el apoyo de empresas de Nueva York (New York & Bermúdez Company, la cual aportó 145.000 dólares, usados para comprar y reparar un barco, en el cual se trasladarían armas, municiones y personal), Francia (Compañía de Cables Francés), Alemania (Ferrocarril Alemán), Inglaterra (Orinoco Steamship), así como también con sectores de los gobiernos de Trinidad y  Martinica. El tramado conspirativo también extendía sus redes hacia Colombia. Los enfrentamientos comienzan en marzo de 1902 y ya para el 2 de noviembre de ese mismo año, el general Matos recibe una fortísima derrota en la población de La Victoria. Después de replegarse a Curazao, El general Matos regresa a Venezuela y ataca nuevamente, pero esta vez cuenta con menos recursos y el gobierno se ha preparado mejor y le propina una definitiva derrota el 3 de junio de 1903. Esta vez sí reconoce la derrota a través de  un documento enviado desde Curazao adonde se retira nuevamente. Matos, para esta aventura, había hipotecado gran parte de sus bienes y solicitado un cuantioso préstamo a un banco de Amberes, ciudad del norte de Bélgica.

[25]Manuel Antonio Matos había nacido en la ciudad de Puerto Cabello el 8 de enero de 1845, estudió  en Estados Unidos y Europa. Al regresar a Venezuela funda en La Guaira la “Casa Comercial M Matos y CIA”. Fue administrador del gobierno de Guzmán Blanco, de quien era cuñado. En 1879 contrató la acuñación de la nueva moneda venezolana: “EL Bolívar”. En 1883 fundó el Banco Comercial de Venezuela, el cual,  él mismo liquidó a los pocos años. En 1895 fue ministro de Hacienda. En 1899 Castro lo encarceló, junto a otros banqueros por negarse a prestar apoyo al gobierno ante la terrible situación fiscal que se padecía en aquel momento. Los banqueros (Matos, entre ellos), fueron sometidos al escarnio público, al ser exhibidos prisioneros por las calles de Caracas. Después de ser derrotado en junio de 1903 por el mismo Gómez, se retira por segunda vez a Curazao, para regresar (una vez consumada la traición del vicepresidente) a Venezuela a ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de Gómez. Se retira de la vida pública en 1913 a los 68 años. Muere en París en 1929 a los 84 años.

[26]VALLENILA LANZ, Cesarismo Democrático Y Otros Textos. Página XXXI. 1991.
[27] IBÍD.  P.  222.

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