El Concepto de Estado en El Anarquismo
Se pasará a partir de estas líneas a realizar una
brevísima revisión del pensamiento anarquista con respecto al tema del Estado.
Al igual que el positivismo y el
marxismo, el pensamiento anarquista se puede considerar como un hijo de la
ilustración. Aun así, sus partidarios encuentran antecedentes de su pensamiento y acción desde la antigüedad e incluso consideran al
filósofo chino Lao Tse (570AC-490AC), autor del Tao Te King, como a un filósofo
predecesor de esta corriente teórico política. Así se mencionan como anticipadores del pensamiento ácrata, a Zenón y los estoicos, los cínicos, Sócrates,
Heráclito, Demócrito, Epicuro, Diógenes, Platón, Aristóteles, quienes de alguna
manera expresan a través de sus concepciones filosóficas ideas sobre el hombre,
la vida, las pasiones, la sociedad, en las que hay atisbos de crítica, común a
lo que más tarde debía ser el pensamiento anarquista.
Pero son muchos los autores que se
declaran anarquistas o son considerados como tal o antecesores de esta
corriente teórico política. Se puede mencionar
a Denis Diderot (1712-1784),Errico Malatesta (1853-1932), Mijail Alexandrovitch Bakunin (1814-1876), Piotr Alexeyevich Kropotkin (1842-1921),
Benjamín R. Tucker (1854-1939),
Rudolf Rocker (1873-1958),
Joseph Conrad (1857-1924),
Fyodor Mijailovitch Dostoyevsky (1821-1881),Liev Nikoláievich Tolstoi (1828-1910),
Albert Camus (1913-1960), Emma Goldman (1869-1940), Nicola Sacco (1891-1927), Bartolomeo
Vanzetti (1888-1927), Max Stirner (1806-1856). Henry David Thoreau (1817-1862),Josiah Warren (1798-1874), Gustav
Landauer (1870-1919).
Como
es bien sabido, el anarquismo plantea un cuestionamiento al Estado y a toda
forma de autoridad que ejerza control
sobre los individuos y la sociedad. En
términos generales puede afirmarse que
el anarquismo propone la creencia en el
«hombre natural», como más importante e históricamente anterior al «hombre
político».
La
civilización es supuesta como una continuación de inconvenientes y
obstrucciones que imposibilitan al hombre natural la realización de sí mismo.
Esta concepción se opone a la doctrina de Hobbes quien plantea en EL Leviatán
que dada la hostilidad del hombre contra el hombre, es necesario la presencia
de una figura supra individual que obligue a este a convivir de acuerdo a unas
reglas que posibiliten la supervivencia de la sociedad.
Rechazan la idea
del “Hombre Ficticio” (El Estado) que representa a toda la sociedad y por
supuesto que consideran inadmisible la “imagen”
del pacto imprescriptible entre individuos para hacerse representar y gobernar por El Estado.
Asimismo embisten
contra “EL contrato social” de Rousseau en tanto que para los anarquistas es
inaceptable la idea de que en función de la preservación de la sociedad, los
hombres cedan contractualmente sus derechos privados, lo cual implica la
absorción de la sociedad por parte del Estado.
La objeción anarquista de esta línea de concepto parte de que implantar
un contrato, supone colocar en riesgo al hombre
natural. Si el hombre es auténticamente bueno, el propósito de la vida, en
discrepancia con la finalidad de la política, debería ser la restauración del
estado natural de las relaciones humanas.
Desde
la perspectiva ácrata, son cuantiosas y variadas las teorías mediante las
cuales se ha intentado explicar y de justificar la existencia del Estado.
Todas, en suma, se basan en la idea de que se necesita una fuerza externa y
superior a la sociedad, para obligar a unos a respetar el derecho de los demás,
prescribiendo e imponiendo determinadas normas, que armonizarían, en la medida
de lo posible, los intereses en pugna y que proporcionaría a cada uno la
satisfacción más grande con el menor sacrificio posible.
Para
el anarquismo, el Estado no es el poder social abstracto; ni el
representante, abstracto de los intereses generales; ni es la expresión de los
derechos de todos. Para los anarquistas, todos los gobiernos, en todas las
épocas, constituyen formas de dominación violenta y arbitraria de una minoría
sobre la mayoría de la población, fuerza instrumental coherentemente ordenada
que asegura la dominación y el privilegio a aquellos que, por alguna vía se ha
hecho de todos los medios de vida, de los cuales se sirven para mantener al
pueblo en perpetua servidumbre y explotación.
Para
esta corriente teórico-política, el gobierno oprime a los hombres de dos
formas: directamente, por la fuerza bruta, por la violencia física, o
indirectamente, despojándolos de los
medios de sostenimiento y reduciéndoles, de esta manera, a la impotencia. La
primera forma es el poder, es decir, el privilegio político; la segunda es el
origen del privilegio económico. Los privilegios políticos y económicos son
justificados, defendidos y enaltecidos por el poder religioso que actúa sobre
la inteligencia y sentimientos de la mayoría. El Estado y la iglesia,
constituyen instrumentos efectivos de defensa de los grandes propietarios.
Reconocen
que además de esta función fundamental de proteger la propiedad y los
propietarios, el Estado cumple otras funciones útiles o indispensables a la
vida social. Permite y legaliza un
incuestionable número de derechos y deberes básicos, y de usos y costumbres,
sin los que resultaría imposible la vida en sociedad. Garantiza y administra
algunos servicios públicos, como son los correos, caminos, higiene y educación
pública, agua potable y aguas servidas,
entre otros. Con esto el Estado, desde la perspectiva ácrata, suele
aparecer como el protector y bienhechor de los pobres y de los débiles. Pero
eso no impide que el gobierno sea, por su propia naturaleza, agente de
violencia opresiva contra la sociedad y los individuos carentes de propiedad.
Un gobierno no puede permanecer mucho tiempo sin ocultar su verdadera naturaleza
bajo una disfraz o pretexto de interés universal.
No
puede hacer respetar la vida de los privilegiados sin aparentar que trata o
procura hacer respetar la de todos; no puede pretender la aceptación de las
prerrogativas de unos pocos sin aparentar que protege los derechos de toda la
sociedad. El gobierno es el conjunto de individuos que han recibido o que se
han abrogado el derecho y los medios de dictar las leyes, y la autoridad de
obligar a los ciudadanos a su cumplimiento. Delegación de poder es el principal
significado de la palabra «Gobierno», o sea, la renuncia de la iniciativa y la
soberanía de todos para que en su nombre la ejerzan unos pocos.
Existen
distintas corrientes dentro del anarquismo: la que da primacía el individuo,
representada por Max Stirner (1806-1856) y William Godwin (1756-1836),
entre otros, y la que le da primacía a lo social como Kropotkin (1842-1921). Irving
Louis Horowitz propone la siguiente
clasificación del anarquismo (la cual no
se desarrollará por no ser necesario para los objetivos de este
ejercicio): Anarquismo Utilitario (Helvetius, Diderot), Anarquismo Campesino
(Thomas Munzer, Charles Fourier), Anarcosindicalismo (Fernand Pellotier),
Anarquismo Colectivista (Bakunin, Kropotkin), Anarquismo Conspiratorio (Johan Most),
Anarquismo Comunista (Errico Malatesta), Anarquismo Individualista (Max
Stirner, Josiah Warren, Benjamín R. Tucker) y Anarquismo Pacifista (Tolstoi,
Gandhi).
Se
revisará el pensamiento de tres anarquistas representativos de lo que podía
denominarse de una forma general como anarquismo socialista: Pierre Joseph Proudhon
(1809-1865), Piotr Alexeyevich Kropotkin (1842-1921) y Gustav
Landauer (1870-1919).
Proudhon
consideraba al Estado como una
organización externa a la sociedad que se impone a esta y la subsume. La
organización política de la sociedad debía surgir de la sociedad y no desde
afuera. Cuestionó lo que él llamó la centralización jerárquica y exclusiva del
Estado. Este carácter centralizador es más acentuado en el Estado Nacional
moderno.
Lo
que Proudhon opone al Estado no es
el individuo sino el individuo en orgánica relación con su grupo. La fuerza de las relaciones
internas de los grupos es fundamental. Asimismo la gran centralización que
genera el Estado debe ser sustituida por instituciones federalistas y por
costumbres comunales.
Por
otro lado, Proudhon le realiza
cuestionamientos al sufragio universal observándole que el sufragio requiere
un principio de organización social para
que realmente sea expresión de una verdadera democracia. Que la atomización de
la sociedad en individuos aislados debido a la destrucción de los grupos naturales por parte del Estado,
convierte al sufragio en una mascarada. De esta forma se debilita la unidad
nacional.
A la centralización del
Estado le enfrenta la propuesta de la federación o confederación. Propone que
la nación se organice como una confederación de federaciones. Plantea que para
hacer indestructible la confederación es imprescindible que el derecho
económico sea la base del derecho
federativo y de todo el orden político. La respuesta al asunto económico
lo encuentra en el mutualismo que es cuando dentro de una industria, los
trabajadores realizan su actividad productiva para ellos y no para un
propietario individual. Sin embargo, acepta que la centralización ofrece
ciertas ventajas a la sociedad pero a cambio de inmensos sacrificios como la
pérdida de autonomía de la sociedad y los individuos.
En
su propuesta de superación del Estado burgués, Proudhon diferencia dos tipos de
estructura, que se entretejen: la económica, o sea la federación de grupos de trabajo,
designada por Proudhon “Federación Agrario-industrial, y la estructura política,
que se fundamenta en la descentralización del poder, en la concesión de la
mayor soberanía posible a las comunas y demás organizaciones naturales de la
sociedad en sustitución de la burocracia estatal.
Para Kropotkin, el Estado no representa ningún avance en
el progreso histórico de las sociedades humanas, por el contrario constituye un retroceso; entorpece las posibilidades de
equidad y desarrollo, aniquila toda iniciativa comunal igualitaria, destrozando
a los grupos sociales atomizándolos en individuos.
Este anarquista ruso, clasifica a los revolucionarios socialistas en dos
grupos o corrientes: por un lado, los que esperan realizar la revolución social dentro del Estado,
manteniendo la mayor parte de sus
facultades y atribuciones, incluso, ampliándolas y utilizándolas a
beneficio de la revolución. Aquí ubica a los marxistas.
La otra corriente la constituyen los anarquistas, quienes ven en el Estado, en su esencia y bajo todas las formas que
pudiera presentarse históricamente, un obstáculo para la revolución social, un freno
extraordinario para el desarrollo de una
sociedad basada en la igualdad y en la libertad. Así que los anarquistas no
luchan por poner al Estado al servicio de
la revolución social, para ellos, la revolución social, pasa
necesariamente por destruir el Estado.
Kropotkin
se apoyó en la antropología y la historia para revelar la presencia de
comunidades funcionando movidas por la solidaridad y el apoyo mutuo y no la
competencia y el individualismo. Con esto trató de demostrar que los resortes
de la evolución y la supervivencia se
encuentran mejor en la cooperación que en
la competencia. Con esto
enfrentaba a Hobbes y a quienes tomaban de Darwin todo aquello que justificara
la rapacidad capitalista y el rol represivo del Estado.
Cuestionó
a los autores (principalmente alemanes y franceses) que según él, confundían el
Estado con la sociedad, que los
percibían como idénticos, acusando a los anarquistas de pretender destruir a la
sociedad por proponer la disolución del Estado:
Razonar de este modo significa ignorar por
completo los progresos realizados en el dominio de la historia durante estos
últimos treinta años; es ignorar que el hombre ha vivido en sociedades durante
millones de años antes de conocer el Estado; es olvidar que el Estado es de
origen reciente dentro de las naciones europeas, pues apenas si data del siglo
XVI; es desconocer, en fin, que los períodos más gloriosos de la humanidad
fueron aquellos en que las libertades y la vida local no estaban aún destruidas
por el Estado y en que las masas humanas vivían en municipalidades (comunas)
y en federaciones libres.[1]
Kropotkin acierta al afirmar que durante mucho tiempo la humanidad pudo vivir sin
el Estado pero confunde el Estado Moderno con el Estado en sentido general que
es mucho más antiguo (anterior al siglo XVI), aun cuando él mismo afirma en
otra parte de esa misma conferencia que “El Imperio Romano fue un Estado en el
verdadero sentido de la palabra. Hasta nuestra época subsiste como ideal para
el legislador.”[2]
Considera que la sociedad es anterior al ser humano, dado que la mayoría
de los animales han vivido en sociedad
antes que los seres humanos. Asimismo, considera que la sociedad es anterior a
la familia. En la tribu no existía la familia aislada. Con estas afirmaciones confronta la idea de
“contrato social” de Rousseau aun cuando
admite que la misma fue útil para enfrentar el absolutismo y la monarquía.
Durante buena parte de la edad media (alrededor del siglo XII), la libre
organización de la producción y la distribución, efectuada por los gremios, el
intercambio comercial con el exterior, dirigido por las ciudades,
convirtieron a estas, en centros de
opulencia y de civilización, de acuerdo con este autor.
Esas comunas admitían el conflicto y la diferencia a través de debates
libres, sin la necesidad de la presencia de algún organismo externo y superior
que interviniese. El conflicto enriquecía la vida de las ciudades organizadas
en comunas, mientras que los territorios
donde el Estado regía los destinos sociales, los conflictos se presentaban
desde otra perspectiva:
En la comuna, la lucha era por la
conquista y el mantenimiento de la libertad del individuo, por el principio federativo,
por el derecho de unirse y agitarse; mientras que las guerras de los Estados
tenían por objeto anular estas libertades, someter al individuo, aniquilar la
libre iniciativa, unir a los hombres en una misma servidumbre ante el rey, el
juez, el sacerdote y el Estado.[3]
Derogar la independencia de las ciudades; asaltar las guildas ricas de los comerciantes y de
los artesanos; centralizar en sus manos el comercio exterior de las ciudades y
desmantelarlo; adueñarse de toda la administración de las guildas y someter la producción de
todos las objetos hasta en sus mínimos detalles, así como el comercio interior
a un cortejo de funcionarios, y destruir
de este modo la industria y las artes; adueñarse de las milicias locales
y de toda la administración municipal; abatir a los débiles en beneficio de los
fuertes, a través de los impuestos, fue
el papel que desempeñó el Estado naciente en los siglos XVI y XVII. En fin, el
Estado se encargó de destruir todos los lazos y vestigios de unión, capacidad
de gestión autónoma y libertad de las comunidades urbanas y campesinas.
Esta visión de Estado como negador y aniquilador de las libertades, la
autorrealización, las iniciativas sociales e individuales, es uno de los
conceptos más preciados del anarquismo
en todas sus corrientes.
La visión de centralización del poder que se hizo hegemónica, es propia
de la concepción romana de gobierno. Y sólo puede imponerse, aniquilando la
visión comunal y federativa. Kropotkin
afirma que dos rasgos son fundamentales en el Estado: el territorio, el cual
tiene que ser de dimensiones
considerables, y la centralización del poder.La
aparición progresiva de un Estado territorial en el cual el gobierno pudiera
pretender el poder soberano en el límite de sus fronteras, está fuertemente
emparentado al desarrollo de un ejército permanente. Y esto obliga al aumento
de los impuestos además de posibilitar las agresiones a los vecinos, lo que por
supuesto, podría extender el dominio de sus territorios. La centralización está
asociada al control, la disciplina externa y la estandarización propias de las
sociedades contemporáneas.
La
definición se sitúa en un terreno, algo así, como menos “objetivo”, más
“intangible” que a lo conceptuado por los otros anarquistas quienes colocan al
Estado por encima de la sociedad y como algo distinto a esta. Landauer lo coloca en el terreno de
las relaciones, entonces, está dentro de la sociedad. Para este autor,
evidentemente, el Estado no es una institución.
Para
Landauer, los hombres de la sociedad contemporánea conviven
“estatalmente”, es decir, se relacionan de tal forma que requieren la actuación
coercitiva del Estado.
Las
relaciones distintas que pudieran sustituir a las del Estado, este anarquista
las denomina pueblo. Se trata de las relaciones que ya existen entre los
hombres pero que aún no se ha convertido
en asociación y federación, que no se han convertido en un organismo superior.
Si partiendo de los procesos productivos y de circulación, los hombre vuelven a
unirse en un pueblo, es decir estableciendo otro tipo de relaciones (no
competitivas, no coercitivas, no irrespetuosas de la condición de humanos
iguales), conformando un organismo social de muchas instancias de participación
y de muchos miembros, se hará realidad el socialismo. Esta realidad crecerá junto al Estado pero no constituye
algo totalmente nuevo, sino, más bien la restauración de relaciones (de
comunidad), que han vivido de manera soterrada, preteridas por el Estado, es
decir por la dominancia de las relaciones coercitivas de poder.
Los hombres que en un
determinado momento conviven en un espacio dado, sólo hasta cierto punto son
capaces de unirse voluntariamente del modo debido, de guardar voluntariamente
un orden justo y de regir por él, los asuntos comunes. El límite que en
cualquier momento está puesto a esta capacidad, constituye la base del Estado[5]
Es decir, Landauer, coincide
con Proudhon y otros anarquistas, al afirmar que la debilidad organizativa de la
sociedad, contribuye con el fortalecimiento del Estado, simplemente que
Proudhon, hace énfasis en el papel que realiza el Estado para que esto ocurra,
algo así como que la debilidad organizativa de las comunidades las induce el
Estado a través de sus mecanismos de dominación.
Sin embargo, el intelectual alemán, está persuadido que el Estado no
abdica. Que ante el avance de las relaciones comunitarias voluntarias, no se
retirará del escenario histórico de manera voluntaria.
La creación y renovación de la estructura orgánica de la sociedad
mediante la unión de personas y familias en distintas comunidades y la de estas
en federaciones, es lo que hará posible, desde la perspectiva de Landauer, la destrucción del Estado, suplantándolo.
Cuando es desplazada la estatización y la politización, reina el sentido
de comunidad, las nuevas relaciones (realmente, relaciones viejas que habían
estado sepultadas y debilitadas por el Estado o relaciones estatales), el
“pueblo” predomina, y en esta realidad se encuentra el sentido de nación.
Aquí se pone al descubierto la verdadera
relación entre nación y socialismo: la semejanza de los connacionales en cuanto
a manera de ser, lenguaje, patrimonio de tradiciones, memoria de un destino
común en constante predisposición para una existencia comunitaria, y sólo
edificando esta existencia pueden reconstituirse los pueblos.[6]
Desde esta perspectiva se puede colegir la importancia de rescatar y
defender los fundamentos de la nación. Y esta acción va en la ruta de
reconstruirlas relaciones comunitarias.
Para Landauer, el socialismo no es algo absoluto. El socialismo es la
permanente creación y re-creación de comunidad dentro del género humano bajo
las posibilidades que sean dadas por las circunstancias. Siendo el Estado una
manera de relación entre los seres humanos, su combate cruza los territorios de
las subjetividades y de las acciones concretas dentro de la cotidianidad que
tenga en cuenta lo común desde el pasado.

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