El Concepto de Estado en El Anarquismo




 El Concepto de Estado en El Anarquismo

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Se pasará a partir de estas líneas a realizar una brevísima revisión del pensamiento anarquista con respecto al tema del Estado. Al igual que  el positivismo y el marxismo, el pensamiento anarquista se puede considerar como un hijo de la ilustración. Aun así, sus partidarios encuentran antecedentes de su  pensamiento y acción   desde la antigüedad e incluso consideran al filósofo chino Lao Tse (570AC-490AC), autor del Tao Te King, como a un filósofo predecesor de esta corriente teórico política. Así se mencionan como  anticipadores del pensamiento ácrata, a  Zenón y los estoicos, los cínicos, Sócrates, Heráclito, Demócrito, Epicuro, Diógenes, Platón, Aristóteles, quienes de alguna manera expresan a través de sus concepciones filosóficas ideas sobre el hombre, la vida, las pasiones, la sociedad, en las que hay atisbos de crítica, común a lo que más tarde debía ser el pensamiento anarquista.


Resultado de imagen para caricatura de William GodwinResultado de imagen para caricatura de pierre proudhonAl francés Pierre Joseph Proudhon (1809-1865),  y al inglés  William Godwin (1756-1836), se les considera como iniciadores del anarquismo moderno. La aparición del famoso libro de Godwin « Investigación referente a la justicia política y su influencia en la virtud general y la felicidad» (1793),  y la obra de Proudhon “Qué es la Propiedad” publicado  en 1841, son consideradas parte de los clásicos del anarquismo. En esta publicación aparece la famosísima afirmación de que “la propiedad es un robo”

Pero son muchos los autores que se declaran anarquistas o son considerados como tal o antecesores de esta corriente teórico política. Se puede mencionar  a Denis Diderot (1712-1784),Errico Malatesta (1853-1932), Mijail Alexandrovitch Bakunin (1814-1876), Piotr Alexeyevich Kropotkin (1842-1921), Benjamín R. Tucker (1854-1939), Rudolf Rocker (1873-1958), Joseph Conrad (1857-1924), Fyodor Mijailovitch Dostoyevsky (1821-1881),Liev Nikoláievich Tolstoi (1828-1910),  Albert Camus (1913-1960), Emma Goldman (1869-1940), Nicola Sacco (1891-1927), Bartolomeo Vanzetti (1888-1927), Max Stirner (1806-1856). Henry David Thoreau (1817-1862),Josiah Warren (1798-1874), Gustav Landauer (1870-1919).

Como es bien sabido, el anarquismo plantea un cuestionamiento al Estado y a toda forma de autoridad que  ejerza control sobre los individuos y la sociedad.  En términos  generales puede afirmarse que el anarquismo propone la creencia en el «hombre natural», como más importante e históricamente anterior al «hombre político».

La civilización es supuesta como una continuación de inconvenientes y obstrucciones que imposibilitan al hombre natural la realización de sí mismo. Esta concepción se opone a la doctrina de Hobbes quien plantea en  EL Leviatán que dada la hostilidad del hombre contra el hombre, es necesario la presencia de una figura supra individual que obligue a este a convivir de acuerdo a unas reglas que posibiliten la supervivencia de la sociedad. 

Rechazan la idea del “Hombre Ficticio” (El Estado) que representa a toda la sociedad y por supuesto que consideran inadmisible la “imagen”  del pacto imprescriptible entre individuos para hacerse representar  y gobernar por El Estado.

 Asimismo embisten contra “EL contrato social” de Rousseau en tanto que para los anarquistas es inaceptable la idea de que en función de la preservación de la sociedad, los hombres cedan contractualmente sus derechos privados, lo cual implica la absorción de la sociedad por parte del Estado.    

La objeción anarquista de esta línea de concepto parte de que implantar un contrato, supone colocar en riesgo al hombre natural. Si el hombre es auténticamente bueno, el propósito de la vida, en discrepancia con la finalidad de la política, debería ser la restauración del estado natural de las relaciones humanas.

Desde la perspectiva ácrata, son cuantiosas y variadas las teorías mediante las cuales se ha intentado explicar y de justificar la existencia del Estado. Todas, en suma, se basan en la idea de que se necesita una fuerza externa y superior a la sociedad, para obligar a unos a respetar el derecho de los demás, prescribiendo e imponiendo determinadas normas, que armonizarían, en la medida de lo posible, los intereses en pugna y que proporcionaría a cada uno la satisfacción más grande con el menor sacrificio posible.

Para el  anarquismo, el Estado no  es el poder social abstracto; ni el representante, abstracto de los intereses generales; ni es la expresión de los derechos de todos. Para los anarquistas, todos los gobiernos, en todas las épocas, constituyen formas de dominación violenta y arbitraria de una minoría sobre la mayoría de la población, fuerza instrumental coherentemente ordenada que asegura la dominación y el privilegio a aquellos que, por alguna vía se ha hecho de todos los medios de vida, de los cuales se sirven para mantener al pueblo en perpetua servidumbre y explotación.

Para esta corriente teórico-política, el gobierno oprime a los hombres de dos formas: directamente, por la fuerza bruta, por la violencia física, o indirectamente, despojándolos  de los medios de sostenimiento y reduciéndoles, de esta manera, a la impotencia. La primera forma es el poder, es decir, el privilegio político; la segunda es el origen del privilegio económico. Los privilegios políticos y económicos son justificados, defendidos y enaltecidos por el poder religioso que actúa sobre la inteligencia y sentimientos de la mayoría. El Estado y la iglesia, constituyen instrumentos efectivos de defensa de los grandes propietarios.

Reconocen que además de esta función fundamental de proteger la propiedad y los propietarios, el Estado cumple otras funciones útiles o indispensables a la vida social. Permite  y legaliza un incuestionable número de derechos y deberes básicos, y de usos y costumbres, sin los que resultaría imposible la vida en sociedad. Garantiza y administra algunos servicios públicos, como son los correos, caminos, higiene y educación pública, agua potable y aguas servidas,  entre otros. Con esto el Estado, desde la perspectiva ácrata, suele aparecer como el protector y bienhechor de los pobres y de los débiles. Pero eso no impide que el gobierno sea, por su propia naturaleza, agente de violencia opresiva contra la sociedad y los individuos carentes de propiedad. Un gobierno no puede permanecer mucho tiempo sin ocultar su verdadera naturaleza bajo una disfraz o pretexto de interés universal.

No puede hacer respetar la vida de los privilegiados sin aparentar que trata o procura hacer respetar la de todos; no puede pretender la aceptación de las prerrogativas de unos pocos sin aparentar que protege los derechos de toda la sociedad. El gobierno es el conjunto de individuos que han recibido o que se han abrogado el derecho y los medios de dictar las leyes, y la autoridad de obligar a los ciudadanos a su cumplimiento. Delegación de poder es el principal significado de la palabra «Gobierno», o sea, la renuncia de la iniciativa y la soberanía de todos para que en su nombre la ejerzan unos pocos.

Existen distintas corrientes dentro del anarquismo: la que da primacía el individuo, representada por Max Stirner (1806-1856) y William Godwin (1756-1836), entre otros, y la que le da primacía a lo social como Kropotkin (1842-1921). Irving Louis Horowitz  propone la siguiente clasificación del anarquismo (la cual no  se desarrollará por no ser necesario para los objetivos de este ejercicio): Anarquismo Utilitario (Helvetius, Diderot), Anarquismo Campesino (Thomas Munzer, Charles Fourier), Anarcosindicalismo (Fernand Pellotier), Anarquismo Colectivista (Bakunin, Kropotkin), Anarquismo Conspiratorio (Johan Most), Anarquismo Comunista (Errico Malatesta), Anarquismo Individualista (Max Stirner, Josiah Warren, Benjamín R. Tucker) y Anarquismo Pacifista (Tolstoi, Gandhi).

 Se revisará el pensamiento de tres anarquistas representativos de lo que podía denominarse de una forma general como anarquismo socialista: Pierre Joseph Proudhon (1809-1865), Piotr Alexeyevich Kropotkin (1842-1921) y Gustav Landauer (1870-1919).





Proudhon consideraba  al Estado como una organización externa a la sociedad que se impone a esta y la subsume. La organización política de la sociedad debía surgir de la sociedad y no desde afuera. Cuestionó lo que él llamó la centralización jerárquica y exclusiva del Estado. Este carácter centralizador es más acentuado en el Estado Nacional moderno.

Resultado de imagen para caricatura de pierre proudhonPlantea que el fortalecimiento de la estructura del Estado  va parejo al empobrecimiento de la estructura social. Cuando se empobrecen las relaciones dentro de las organizaciones comunitarias se ve fortalecido el poder del Estado. Asegura que durante  la revolución francesa la sociedad despertó y tomó consciencia de sí misma. La sociedad debe ponerle límites al Estado a las funciones que la sociedad no pueda cumplir  por  sí sola. 

Lo que Proudhon opone al Estado no es el individuo sino el individuo en orgánica relación con  su grupo. La fuerza de las relaciones internas de los grupos es fundamental. Asimismo la gran centralización que genera el Estado debe ser sustituida por instituciones federalistas y por costumbres comunales.

Por otro lado, Proudhon le realiza cuestionamientos al sufragio universal observándole que el sufragio requiere un  principio de organización social para que realmente sea expresión de una verdadera democracia. Que la atomización de la sociedad en individuos aislados debido a la destrucción de  los grupos naturales por parte del Estado, convierte al sufragio en una mascarada. De esta forma se debilita la unidad nacional.

A la centralización del Estado le enfrenta la propuesta de la federación o confederación. Propone que la nación se organice como una confederación de federaciones. Plantea que para hacer indestructible la confederación es imprescindible que el derecho económico sea la base del derecho  federativo y de todo el orden político. La respuesta al asunto económico lo encuentra en el mutualismo que es cuando dentro de una industria, los trabajadores realizan su actividad productiva para ellos y no para un propietario individual. Sin embargo, acepta que la centralización ofrece ciertas ventajas a la sociedad pero a cambio de inmensos sacrificios como la pérdida de autonomía de la sociedad y los individuos.

En su propuesta de superación del Estado burgués, Proudhon diferencia dos tipos de estructura, que se entretejen: la económica, o sea  la federación de grupos de trabajo, designada  por Proudhon “Federación Agrario-industrial, y la estructura política, que se fundamenta en la descentralización del poder, en la concesión de la mayor soberanía posible a las comunas y demás organizaciones naturales de la sociedad en sustitución de la burocracia estatal.



Resultado de imagen para caricatura de Piotr Alexeyevich KropotkinPara Kropotkin el Estado es una corporación de carácter parasitario que no sólo obstaculiza el desarrollo pleno de los grupos sociales sino que, además, empantana la comunicación entre éstos, dificultando  que puedan satisfacer sus necesidades.

Para Kropotkin, el Estado no representa ningún avance en el progreso  histórico de las  sociedades humanas, por  el contrario constituye  un retroceso; entorpece las posibilidades de equidad y desarrollo, aniquila toda iniciativa comunal igualitaria, destrozando a  los grupos sociales atomizándolos  en individuos.


Este anarquista ruso, clasifica a los revolucionarios socialistas en dos grupos o corrientes: por un lado, los que esperan realizar la revolución social dentro del Estado, manteniendo la mayor parte de sus  facultades y atribuciones, incluso, ampliándolas y utilizándolas a beneficio de la revolución. Aquí ubica a los marxistas.

La otra corriente la constituyen los anarquistas, quienes  ven en el Estado,  en su esencia y bajo todas las formas que pudiera presentarse históricamente, un obstáculo para la revolución social, un freno extraordinario  para el desarrollo de una sociedad basada en la igualdad y en la libertad. Así que los anarquistas no luchan por poner al Estado al servicio de  la revolución social, para ellos, la revolución social, pasa necesariamente por destruir el Estado.


Kropotkin se apoyó en la antropología y la historia para revelar la presencia de comunidades funcionando movidas por la solidaridad y el apoyo mutuo y no la competencia y el individualismo. Con esto trató de demostrar que los resortes de la evolución y la supervivencia  se encuentran mejor en la cooperación que en  la competencia.  Con esto enfrentaba a Hobbes y a quienes tomaban de Darwin todo aquello que justificara la rapacidad capitalista y el rol represivo del Estado.

Cuestionó a los autores (principalmente alemanes y franceses) que según él, confundían el Estado con la sociedad,  que los percibían como idénticos, acusando a los anarquistas de pretender destruir a la sociedad por proponer la disolución del Estado:

Razonar de este modo significa ignorar por completo los progresos realizados en el dominio de la historia durante estos últimos treinta años; es ignorar que el hombre ha vivido en sociedades durante millones de años antes de conocer el Estado; es olvidar que el Estado es de origen reciente dentro de las naciones europeas, pues apenas si data del siglo XVI; es desconocer, en fin, que los períodos más gloriosos de la humanidad fueron aquellos en que las libertades y la vida local no estaban aún destruidas por el Estado y en que las masas humanas vivían en municipalidades (comunas) y en federaciones libres.[1]

Kropotkin acierta al afirmar que durante mucho tiempo la humanidad pudo vivir sin el Estado pero confunde el Estado Moderno con el Estado en sentido general que es mucho más antiguo (anterior al siglo XVI), aun cuando él mismo afirma en otra parte de esa misma conferencia que “El Imperio Romano fue un Estado en el verdadero sentido de la palabra. Hasta nuestra época subsiste como ideal para el legislador.”[2]

Considera que la sociedad es anterior al ser humano, dado que la mayoría de los animales han vivido en  sociedad antes que los seres humanos. Asimismo, considera que la sociedad es anterior a la familia. En la tribu no existía la familia aislada. Con  estas afirmaciones confronta la idea de “contrato social” de Rousseau  aun cuando admite que la misma fue útil para enfrentar el absolutismo y la monarquía.

Durante buena parte de la edad media (alrededor del siglo XII), la libre organización de la producción y la distribución, efectuada por los gremios, el intercambio comercial con el exterior, dirigido por las ciudades, convirtieron  a estas, en centros de opulencia y de civilización, de acuerdo con este autor.

Esas comunas admitían el conflicto y la diferencia a través de debates libres, sin la necesidad de la presencia de algún organismo externo y superior que interviniese. El conflicto enriquecía la vida de las ciudades organizadas en comunas,  mientras que los territorios donde el Estado regía los destinos sociales, los conflictos se presentaban desde otra perspectiva:

En la comuna, la lucha era por la conquista y el mantenimiento de la libertad del individuo, por el principio federativo, por el derecho de unirse y agitarse; mientras que las guerras de los Estados tenían por objeto anular estas libertades, someter al individuo, aniquilar la libre iniciativa, unir a los hombres en una misma servidumbre ante el rey, el juez, el sacerdote y el Estado.[3]

Derogar la independencia de las ciudades; asaltar las guildas ricas de los comerciantes y de los artesanos; centralizar en sus manos el comercio exterior de las ciudades y desmantelarlo; adueñarse de toda la administración de las guildas y someter la producción de todos las objetos hasta en sus mínimos detalles, así como el comercio interior a un cortejo de funcionarios, y destruir  de este modo la industria y las artes; adueñarse de las milicias locales y de toda la administración municipal; abatir a los débiles en beneficio de los fuertes, a través  de los impuestos, fue el papel que desempeñó el Estado naciente en los siglos XVI y XVII. En fin, el Estado se encargó de destruir todos los lazos y vestigios de unión, capacidad de gestión autónoma y libertad de las comunidades urbanas y campesinas.

Esta visión de Estado como negador y aniquilador de las libertades, la autorrealización, las iniciativas sociales e individuales, es uno de los conceptos más  preciados del anarquismo en todas sus corrientes.

La visión de centralización del poder que se hizo hegemónica, es propia de la concepción romana de gobierno. Y sólo puede imponerse, aniquilando la visión comunal y federativa. Kropotkin afirma que dos rasgos son fundamentales en el Estado: el territorio, el cual tiene  que ser de dimensiones considerables, y la centralización del poder.La aparición progresiva de un Estado territorial en el cual el gobierno pudiera pretender el poder soberano en el límite de sus fronteras, está fuertemente emparentado al desarrollo de un ejército permanente. Y esto obliga al aumento de los impuestos además de posibilitar las agresiones a los vecinos, lo que por supuesto, podría extender el dominio de sus territorios. La centralización está asociada al control, la disciplina externa y la estandarización propias de las sociedades contemporáneas.

Resultado de imagen para imagen del anarquista gustav landauerEn el caso del alemán, Gustav Landauer, se presenta una concepción del estado, un tanto distinta a las anteriores: “El Estado es una situación, una relación entre los hombres, es un modo de comportamiento de los hombres entre sí; y se le destruye estableciendo otras relaciones, comportándose con los demás de otro modo.”[4]

La definición se sitúa en un terreno, algo así, como menos “objetivo”, más “intangible” que a lo conceptuado por los otros anarquistas quienes colocan al Estado por encima de la sociedad y como algo distinto a esta. Landauer lo coloca en el terreno de las relaciones, entonces, está dentro de la sociedad. Para este autor, evidentemente, el Estado no es una institución.

Para Landauer, los hombres de  la sociedad contemporánea conviven “estatalmente”, es decir, se relacionan de tal forma que requieren la actuación coercitiva del Estado.

Las relaciones distintas que pudieran sustituir a las del Estado, este anarquista las denomina pueblo. Se trata de las relaciones que ya existen entre los hombres pero  que aún no se ha convertido en asociación y federación, que no se han convertido en un organismo superior. Si partiendo de los procesos productivos y de circulación, los hombre vuelven a unirse en un pueblo, es decir estableciendo otro tipo de relaciones (no competitivas, no coercitivas, no irrespetuosas de la condición de humanos iguales), conformando un organismo social de muchas instancias de participación y de muchos miembros, se hará realidad el socialismo. Esta realidad  crecerá junto al Estado pero no constituye algo totalmente nuevo, sino, más bien la restauración de relaciones (de comunidad), que han vivido de manera soterrada, preteridas por el Estado, es decir por la dominancia de las relaciones coercitivas  de poder.

Los hombres que en un determinado momento conviven en un espacio dado, sólo hasta cierto punto son capaces de unirse voluntariamente del modo debido, de guardar voluntariamente un orden justo y de regir por él, los asuntos comunes. El límite que en cualquier momento está puesto a esta capacidad, constituye la base del Estado[5]


Es decir, Landauer, coincide con Proudhon y otros anarquistas, al afirmar que la debilidad organizativa de la sociedad, contribuye con el fortalecimiento del Estado, simplemente que Proudhon, hace énfasis en el papel que realiza el Estado para que esto ocurra, algo así como que la debilidad organizativa de las comunidades las induce el Estado a través de sus mecanismos de dominación.

Sin embargo, el intelectual alemán, está persuadido que el Estado no abdica. Que ante el avance de las relaciones comunitarias voluntarias, no se retirará del escenario histórico de manera voluntaria.

La creación y renovación de la estructura orgánica de la sociedad mediante la unión de personas y familias en distintas comunidades y la de estas en federaciones, es lo que hará posible, desde la perspectiva de Landauer,  la destrucción del Estado, suplantándolo.

Cuando es desplazada la estatización y la politización, reina el sentido de comunidad, las nuevas relaciones (realmente, relaciones viejas que habían estado sepultadas y debilitadas por el Estado o relaciones estatales), el “pueblo” predomina, y en esta realidad se encuentra el sentido de nación.

Aquí se pone al descubierto la verdadera relación entre nación y socialismo: la semejanza de los connacionales en cuanto a manera de ser, lenguaje, patrimonio de tradiciones, memoria de un destino común en constante predisposición para una existencia comunitaria, y sólo edificando esta existencia pueden reconstituirse los pueblos.[6]


Desde esta perspectiva se puede colegir la importancia de rescatar y defender los fundamentos de la nación. Y esta acción va en la ruta de reconstruirlas relaciones comunitarias.

Para Landauer, el socialismo no es algo absoluto. El socialismo es la permanente creación y re-creación de comunidad dentro del género humano bajo las posibilidades que sean dadas por las circunstancias. Siendo el Estado una manera de relación entre los seres humanos, su combate cruza los territorios de las subjetividades y de las acciones concretas dentro de la cotidianidad que tenga en cuenta lo común desde el pasado.

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[1] KROPOTKIN, Piotr: El Estado. Conferencia dictada en Francia en 1897 y digitalizada por Librodot.com. Página 6
[2]Ibíd. P.7
[3]Ibíd. P.19

[4]BUBER, Martín: Caminos de Utopía.. 1978.P. 67
[5]Ibíd. P. 68
[6]Ibíd. P.71

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