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Sistema Mundo, Latinoamérica y Venezuela. Siglo XVI-XIX
Según
Immanuel Wallerstein el sistema mundo
capitalista se empezó a construir el siglo XVI pero el análisis de
sistemas-mundo se suscitó a comienzos de
los años setenta como una nueva perspectiva acerca de la
realidad social. Algunas de sus significaciones habían estado en uso durante largo tiempo y otras
eran nuevas o al menos no habían recibido un nombre hasta esa época.
Wallerstein plantea que en el periodo que va de 1945 a
1970, cuatro debates
dispusieron la condición para la ocurrencia del análisis de sistemas-mundo: 1.-el concepto de
centro-periferia desarrollado por la Comisión Económica Para América Latina de las Naciones Unidas
(CEPAL) y la construcción subsiguiente
de la "teoría de la
dependencia" 2.- la utilidad del
concepto marxista de "modo
asiático de producción", debate que tuvo lugar entre los académicos marxistas; 3.- la
discusión entre los historiadores
de Europa occidental acerca de "la transición del feudalismo al capitalismo"; 4.- el debate acerca de "la historia total" y el éxito de
la escuela historiográfica de los Annales en Francia y en diferentes lugares del mundo posteriormente.
La teoría de la dependencia se inicia prácticamente en
los años 50 con los aportes de Raúl Prebisch y el equipo que lo acompañaba en
la CEPAL. Ellos hablaron de las relaciones
centro periferia para referirse a las vinculaciones entre los países que mostraban un mayor crecimiento
económico dentro de las pautas capitalistas,
y los países que por el contrario, evidenciaban un débil desempeño económico y que eran
llamados subdesarrollados. Explicaron estas relaciones acudiendo a la
expresión: “intercambio desigual”. Los países más fuertes imponían relaciones
de negociación a los países más débiles que conducían el trasiego de la
plusvalía desde estos hacia aquellos. Esto obligaba, desde la perspectiva e
intereses de los “pequeños”, a buscar mecanismos que modificaran estos
desequilibrios.
André Gunder Frank demostró que el “subdesarrollo” de
algunos países era el resultado del desarrollo del capitalismo. Que el sistema
capitalista “desarrollaba el subdesarrollo” de unos países a favor de otros
llamados desarrollados. Los teóricos de la dependencia enfrentaron la idea que
planteaba que los países “subdesarrollados”, sobre todo los latinoamericanos
atravesaban por la “etapa histórica” del feudalismo y que precisaban avanzar
hacia el capitalismo para poder agotar el requisito que le permitiera aspirar
avanzar hacia la revolución socialista. Para estos pensadores, ya estos países
estaban dentro del capitalismo, dentro del relacionamiento capitalista.
De la Escuela de los Annales juega significativo papel
los aportes de Fernand Braudel
(1902-1985), quien
propugnó un lenguaje sobre los tiempos sociales que dejó su impronta en
trabajos futuros. Cuestionó la historia que se detiene exclusivamente en los
acontecimientos porque sólo hace referencia
a fenómenos transitorios,
impidiendo ver las verdaderas estructuras subyacentes. Pero Braudel
también criticó la indagación de verdades atemporales y eternas. En medio de
estos dos extremos, insistió en otros dos tiempos sociales que antes de ese
momento se habían desdeñado: el tiempo
estructural o de larga duración, pero no eterno, las estructuras básicas que
subyacen a los sistemas históricos, y
los procesos cíclicos dentro de las estructuras o tendencias de mediano plazo,
tales como las expansiones y contracciones de la economía mundial.
La categoría sistema-mundo,
hace referencia a un espacio tiempo relacional. Se intenta explicar el
funcionamiento del mundo en la modernidad. Según Dussel, el nacimiento del Sistema–Mundo se realiza en
el siglo XVI, cuando la Europa que había vivido fundamentalmente relacionada al
Mediterráneo, conoce al Atlántico en el momento que se está transitando por los
inicios del capitalismo en su fase
mercantil dineraria. A esto, Dussel lo
llama la primera modernidad. La segunda modernidad la encuentra este autor en
el siglo XVII, en Holanda, cuando esta
protagoniza la fase capitalista mercantil expansiva. La tercera modernidad la
localiza en Inglaterra, con la revolución industrial.
Este concepto es relacional
en tanto no puede conocerse y explicarse el funcionamiento de las realidades
históricas partiendo de categorías excluyentes como país o Estado, por sólo
nombrar dos. Para dar explicación, se debe partir de extensas áreas geográficas
que durante largo tiempo funcionan relacionalmente de manera sistémica. Lo
determinante son las múltiples vinculaciones que se establecen entre distintos
actores, asuntos y procesos.
Hemos dicho que este sistema-Mundo ha contado
con muchas instituciones -Estados y sistemas interestatales, compañías de
producción, marcas, clases, grupos de identificación de todo tipo- y que estas instituciones forman una matriz
que permite al sistema operar pero al mismo tiempo estimula tanto los
conflictos como las contradicciones que calan en el sistema[1]
Se trata de estudiar a las
instituciones relacionalmente dentro de una categoría espacio-temporal y encontrar las matrices explicativas.
Wallerstein plantea que para
estudiar el fenómeno de los Estados Nacionales dentro del concepto que se viene
usando, se parte de la idea de relativización de verdades tradicionales como el
concepto de soberanía. Esta se entiende en relación con otros Estados,
compañías y demás instituciones y mecanismos de funcionamiento del sistema
capitalista mundial. No hay Estados
soberanos en términos absolutos. En el Sistema-Mundo, cada factor o sujeto
social ocupa un lugar y un papel que le imposibilitará tomar decisiones sin
tomar en cuenta estas consideraciones “externas”.
En el caso de los
países latinoamericanos, son
incorporados al Sistema-Mundo con la llegada de los europeos en el siglo XVI[2].
De manera forzada, aquellos comenzaran una relación de subordinación frente a
los países metropolitanos. Se le “asignará la tarea” de proveer los recursos de los cuales precisan en
Europa, en la fase mercantilista
dineraria en la que se encuentra. Es decir, nacen a la modernidad
simultáneamente con el nacimiento de la
misma, y de alguna forma se puede decir que esta relación centro periferia que
se inaugura en el siglo XVI, determina el Sistema-Mundo.
Aunque realmente, desde
la perspectiva europea, en el siglo XVI, no hay países latinoamericanos,
existen las Indias Occidentales, región que a lo largo de los siglos, se irá
definiendo geopolíticamente para constituirse en el siglo XIX en Estados Nacionales.
Momento en el cual se está transitando por una nueva fase histórica del Sistema
Mundo y puede observarse como ya no es España ni Portugal los centros
hegemónicos de acumulación de capital.
Aparece Inglaterra como sustituto de
estas. A pesar de ello no se modificará la función que ocupan los países
latinoamericanos en el Sistema-Mundo. Les ha correspondido y les sigue tocando
el rol de proveedor de materias primas.
Se mantiene la subordinación bajo rasgos distintos en lo formal. Ya el
Sistema Mundo Capitalista ha entrado hace un buen rato en la fase industrial.
Europa ha pasado por revoluciones económicas, políticas y culturales
definitorias de lo que será el mundo contemporáneo.
Los Estados Nacionales
latinoamericanos que nacen bajo el signo de relaciones de subordinación
(coloniales y neocoloniales), adolecerán de una debilidad estructural. Esta
debilidad, según Wallerstein, muchas
veces tratará de compensarse a través de la implantación de gobiernos autoritarios
y militares. Cuando se habla de debilidad,
se hace referencia a las instituciones y a la legitimidad. La debilidad no solamente se expresa ante la
nación, es decir ante los ciudadanos que representan, sino también ante las
compañías extranjeras y el mercado capitalista mundial.
Con las guerras de
independencia del siglo XIX, parte el
proceso de construcción de los Estados Nacionales en América Latina.
Relacionado con este proceso interviene decididamente la expansión mundial del
sistema capitalista que influyó hondamente en la estructuración económica y
política de estos Estados.
Latinoamérica se integra al orden neocolonial, a la
nueva división internacional del trabajo del Sistema-mundo satisfaciendo las
necesidades de materias primas y alimentos de las potencias europeas y
recibiendo inversiones de capital en actividades productivas, créditos públicos
e infraestructura. El mercado mundial
que comenzaba a ordenarse exigió la unificación del territorio, la formación de
un mercado interno integrado y del desarrollo de una infraestructura institucional
legitimada y eficiente, es decir, de la creación de Estado Nacional
moderno.
Estos nuevos Estados
Nacionales hicieron suyo el principio moderno de la soberanía popular y se
establecieron como repúblicas representativas, fundada en el libre mercado y en
la libertad política, o sea el liberalismo le convirtió en su principal
pensamiento político unificador.
El liberalismo asume como
ciudadano modelo el individuo educado y
el especialista, quien era visto como la persona capaz de determinar sabiamente
las decisiones políticas y sociales más convenientes. Además afirmaban que
todos los individuos debían alcanzar lentamente la totalidad de los derechos
ciudadanos, cuando la educación los capacitara para la toma de decisiones
equilibradas. Los liberales abrazan el progreso y luchan por alcanzar papeles
claves en las instituciones políticas, económicas y sociales de la república.
Los “liberales centristas” fueron quienes tuvieron mayor éxito en controlar el
escenario político del sistema mundo por mucho tiempo.
En Venezuela las élites que
asumieron la dirección política después de 1830, cuando se da al traste con el
proyecto colombiano de Bolívar, mantienen una alianza. Los sectores vinculados
a la tierra, es decir, agricultura y ganadería, conjuntamente con los
comerciantes que permitían la llegada de estos productos a otros países y que a
su vez servían de financistas de las actividades productivas, pudieron
entenderse y mantener unas relaciones que se soportaban en el trabajo esclavo,
la servidumbre y el latifundio que no se habían visto afectados, en lo esencial
durante la guerra de independencia, pero en el caso de la esclavitud se
evidenciaba un agotamiento como modelo de producción, en tanto su productividad
había menguado, además de las constantes evasiones de los esclavizados.
Con respecto al latifundio
se puede afirmar que:
Durante
la década de los veinte, el latifundio
se había incrementado gracias a la transferencia de tierras a manos de los
caudillos militares victoriosos en la guerra de independencia, quedando la clase terrateniente conformada entonces por
este sector y por los antiguos propietarios o por sus descendientes[3]

Estos sectores económicos
son los beneficiarios directos del proceso independentista, puesto que
El
vertiginoso ascenso de las capas militares no modifica la estructura
latifundista, persiste como continuidad histórica del existente en el período
colonial, pero ahora controlado fundamentalmente por los sectores triunfantes
en la lucha por la independencia.[4]
Estos sectores de militares
y antiguos propietarios y /o sus herederos mantendrán relaciones económicas
como se acaba de afirmar con la naciente burguesía comercial, la cual:
...estaría
integrada, de acuerdo con nuestro análisis, por la capa importadora que identificamos
como burguesía comercial y usuraria y por la burguesía intermediaria o
burguesía mercantil intermediaria, siendo la primera la que adquiere un papel
dominante en lo económico y la que impulsará con mayor ímpetu la implantación
de las reformas favorables a sus propios intereses o a los de la burguesía
comercial en su conjunto. [5]
Las reformas a las que Brito
Figueroa hace referencia, son la del 10 de abril de 1834 y la de “Espera y
Quita” de 1841. Con estas, el poder de
los sectores del comercio y usura,
aumentan, perjudicando grandemente a los sectores de la tierra, lo cual
conduciría a la ruptura de la alianza de
élites, señalada unos párrafos antes.
Mantener el control del
aparato del Estado es fundamental para las clases dominantes, para
fortalecerse como bloque de poder. Las
relaciones con el sistema capitalista requieren de un Estado que garantice la
expansión económica, es decir la producción y el comercio, interviniendo dentro de lo económico de manera directa,
sólo en lo indispensable. Para esto, era imprescindible garantizar la paz y la
unidad nacional.
Una
elevada exportación permite sostener un importante volumen de importaciones,
aumentando así los ingresos aduaneros que aumentan los recursos del aparato
estatal, cuya principal función está orientada a la conservación y
consolidación del sistema político económico instaurado en 1830.[6]
Este sesgo del Estado tan
favorable a los sectores comerciantes y usurarios, terminaría por quebrantar la
alianza del bloque dominante. Esto tiene expresión en agrupamientos
políticos. Los sectores ligados al
comercio y la usura se agrupan políticamente alrededor de los conservadores y
el sector de los hacendados
terratenientes se agrupa del lado liberal.
Realmente, los dos grupos son
liberales. Simplemente que los vinculados al comercio y la usura, aun cuando en
lo económico mantienen una visión más liberal, en lo político, por ser quienes
mantienen el control del aparato del Estado, evidencian una actitud más
conservadora. Mientras que los hacendados terratenientes, aun cuando son más
dados a aceptar una mayor participación del Estado en los asuntos económicos,
por encontrarse más alejados del poder, presentan una actitud política menos
conservadora y abrazan las consignas de la federación. Con respecto de este
sector, afirma Brito Figueroa:
Por ello
la ideología de los terratenientes parece contener múltiples contradicciones:
por un lado, defiende la tradición de la iglesia, y por otro, adhiere a las
nuevas teorías políticas liberales y, al
mismo tiempo, reconoce el papel paternalista del Estado en la economía. Se
vincula al mercado capitalista mundial a través del gran comercio de
importación e intenta aumentar la producción pero sobre la base de técnicas
atrasadas y del sistema de explotación esclavista.[7]
Debe repetirse que tanto
liberales como conservadores, son liberales y forman parte del bloque dominante
pero con distintas distancias con respecto al poder del Estado. Ambos sectores,
muestran sus contradicciones hacia dentro de cada sector y con respecto al otro.
[1]WALLERSTEIN, Immanuel: Análisis de Sistemas Mundo.
Una Introducción. México. 2005. Pág. 10
[2]Dussel
plantea que se necesita superar el
helenocentrismo, el occidentalismo, el eurocentrismo, la periodización de la
historia según los criterios europeos, el secularismo tradicional de las
filosofías políticas y la exclusión de América Latina de la historia. Se ha
impuesto la idea de que Europa fue el
centro del mundo, cuando realmente ha sido así sólo desde hace 200 años. Europa
estaba aislada en la Edad Media.
Bagdad fue durante 500 años el centro de
las principales conexiones políticas del mundo y estaban muchísimo más
avanzados que los europeos. Cuestiona que los filósofos siempre partan de
Atenas, que la política y la democracia comiencen en Atenas cuando la palabra demos viene de Egipto y significa aldea. Prácticamente todas las
instituciones políticas en Grecia son fenicias, caldeas o egipcias.
[3] BRITO FIGUEROA, Federico: Historia
Económica y Social de Venezuela. Tomo IV. Caracas, 2002. P. 1379
[4] Ídem.
[5] Ibíd. P. 1384
[6] Ibíd. P.1387
[7] Ibíd. P. 1403.
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